La vulnerabilidad de la vejez ante la crisis sanitaria




La crisis sanitaria ha puesto en evidencia la fragilidad del sistema frente a la vejez en general y los referidos a cuidados para las personas mayores en particular, esto implica principalmente a los residentes de Establecimientos de Larga estadía ELEAM.

La vulnerabilidad aumentó, en una grafica social que no tiene precedentes, tampoco preparación y muy poca empatía para la convivencia de distintas generaciones. Como olvidar la frase de alarma sobre la pandemia mundial “El corona virus afecta principalmente a los adultos mayores”, de aquí en adelante, un diagnostico que se constata día a día y el foco con el que se ha  tratado la vida de las personas mayores en su condición de  vulnerabilidad y minimización de la muerte.

Levantar la voz por las mayores que residen en establecimientos de larga estadía en nuestro país  implica asumir  como necesidad los  cuidados permanentes y especializados,  cuyo origen está dado por  condiciones de marginalidad social, pobreza, enfermedad, composición de  la familia para asumir el cuidado y vulnerabilidad socio sanitaria. Aspectos que a la luz de los datos, dan cuenta de la compleja realidad que viven las personas mayores. En otra columna hablaremos del tema social y otros varios que poco a poco provocan incomodidad más que preocupación.

La vejez en Chile es una etapa larga, el envejecimiento de la vejez implica el aumento de un escenario de mayor dependencia y discapacidad. Por lo tanto, el contexto de muchas personas mayores residentes en establecimientos de larga estadía. Condición  sujeta a la  realidad subjetiva, basada en la convivencia, tratamiento y trato que reciben al interior del centro. Claro está, que la referencia es para  los ELEAM que cumplen la normativa sanitaria, sin embargo, no debemos olvidar la cifra negra que representan los clandestinos. En este contexto de fragilidad, los adultos mayores residentes en establecimientos de larga estadía, son por sí mismo vulnerables y requieren la atención urgente del estado a través de protocolos sanitarios que permitan garantizar sus condiciones de bien estar, aislamiento social seguro, tratamiento, buen trato y respeto a sus derechos humanos en tiempos de pandemia.

Más allá de la  afirmación,   frente al COVID-19  se requiere con urgencia un protocolo sanitario referencial, asumiendo que las condiciones de cada centro pueden diferir significativamente entre aquellos públicos, privados y estatales, que  ante el impacto del Corona virus en la población y el riesgo particular para los adultos mayores pone en manifiesto la necesidad de modernizar e incorporar tecnología al servicio de la vejez. Humanitaria, pertinente, transparente y  obligatoria. Al igual que muchos países en el mundo,  Chile requiere  poner en marcha un protocolo de acción, antes que las cifras de afectación sean más  graves o similares a las de países como España, Francia o  Italia.

Las personas mayores son vulnerables frente a una crisis sanitaria que no cuenta con modelos claros de actuación en tiempos de riesgo, esta es nuestra principal debilidad, considerando que el  impacto de la pandemia en las personas mayores es complejo y evidentemente nadie está preparado.

Controlar el COVID 19 en las residencias de adultos mayores debe ser una de las grandes prioridades del gobierno, no solo por el efecto de mortalidad en los residentes  y contagio entre trabajadores, sino además por la expansión comunitaria. Para un buen abordaje, hay que considerar a las residencias de personas mayores en el primer punto de prioridad.

Es importante señalar el caso de las  residencias clandestinas, ya que no podemos negar su presencia así como tampoco  un tratamiento a quienes por condiciones de extrema vulnerabilidad o normativa no forman parte del sistema. Serán cifras negras de corona virus, que como reflejo social, nos enrostran nuestras carencias y pendientes sociales. Un mal,  previo al COVID 19.

No hay mejor lugar que tú propia casa. Sin embargo, hay que considerar las determinantes sociales que sustentan la permanencia de una persona mayor institucionalizada o en residencia. No se trata de lo ideal, hay que asumir la realidad, la mayoría de las personas mayores que viven en un ELEAM  tienen enfermedades y grados de dependencia física y mental, además de antecedentes sociales   que determinaron su condición. Motivo por el cual, es poco probable que una familia asuma el desafío por tres o cuatro meses del cuidado de las personas mayores en contexto de pandemia. Sobre ello, debemos sumar  desafíos como la nueva convivencia intergeneracional, el confinamiento domiciliario de la familia, la administración de medicamentos, la disponibilidad de espacio habitacional en la vivienda y el impacto  psicosocial de la persona mayor al salir de su residencia. Es difícil asumir  responsablemente el confinamiento, cuidado, tratamiento y garantías de derechos para la personas mayores, además de los procesos  de adaptación para evitar un nuevo estrés en la familia.

En este sentido, es más recomendable que se quede en la residencia, siempre que para el estado a través de las instituciones, sea una prioridad el abordaje basado en protocolos socios sanitarios estandarizados y con garantía estatal para el cumplimiento, de lo contrario, será muy complejo como proceso y resultados.

Reaccionamos tarde. Los datos de Europa nos daban  pistas claras de la situación de las personas mayores en residencia y la necesidad de atender con mayor diligencia y urgencia a los Establecimientos de Larga Estadía. La experiencia es de  15 a 20 días antes, por lo cual nadie podría asegurar que se pudo evitar o no, sin embargo, inmediatamente se debió asumir la alerta nacional sobre los Eleam y dictar medidas de confinamiento total, equipo de apoyo médico independiente de su naturaleza jurídica publica, privada o de beneficencia, test rápido, equipamiento personal de prevención y protección a las personas mayores y trabajadores, plan de actividades para la residencia, apoyo psicológico y gasto fiscal orientado a este grupo.

Las medidas llegaron tarde  y están sujetas a  esfuerzos propios de las instituciones prestadoras del servicio de cuidado,  la situación de riesgo es grave y las voces de alarma, no han significado acciones concretas en esta materia.

“El COVID 19 afecta principalmente a personas mayores” por eso es  urgente materializar un protocolo de confinamiento de residencias con enfoque socio  sanitario y garantía estatal.

Evidentemente, esta situación se complejiza con el día a día y las urgencias propias de la pandemia, sin embargo, No entrar en los Establecimientos de larga Estadía con equipos de protección para todos  y test rápidos, es mucho más grave.

Hay que valorar la vida en todo su tiempo. Es cierto que  las persona de más edad tienen enfermedades concomitantes y que el confinamiento puede provocar ansiedad y depresión, sin embargo, tanto para personas mayores que residen en ELEAM, como aquellos que son cuidadores, que viven solos, en pareja o en familias extendidas,  pasan por un estrés enorme y es necesario articular sistemas de apoyo desde la familia o instituciones como universidades, ONG u organismo especializados, a objeto de otorgar desde la innovación social, respuestas complementarias y humanizadas para esta emergencia sanitaria. No solo decir quédese en casa, sino asumir el desafío de manera conjunta. No olvidemos que es un tema de salud y se requiere el abordaje sanitario urgente y prioritario centrado en las personas.

Las personas mayores en tiempo de pandemia  son responsabilidad de la familia, la sociedad y el estado. Para ello se necesitan herramientas concretas que permitan garantizar derechos y seguridad en su lugar de residencia, por este motivo, hay que considerar  la participación de los equipos de salud en las residencias, el Coronavirus es primero un problema de salud y luego social. Ambos contextos son fundamentales.

La situación es grave y el abordaje urgente.

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