Las Rebeldes del Aborto




El país viene saliendo de un largo y tortuoso debate nacional sobre la despenalización del aborto. Fueron cientos de horas de debate, en las comisiones de la cámara de Diputados y del Senado, utilizadas para lograr dar respuesta a esta demanda social. Sin embargo, al poco tiempo de transcurrido el debate y aprobación de la ley, con paso por el Tribunal Constitucional mediante, no deja de sorprender la sorpresiva irrupción del debate sobre el aborto libre. Sin duda esta irrupción incomodó a muchas y muchos que, a regañadientes, habían aceptado con dificultad la aprobación de una regulación restrictiva de la interrupción del embarazo, susceptible de ser aplicada solo en tres hipótesis muy específicas. Se critica entonces que, su urgencia desmedida, no ha permitido evaluar la instalación de esta nueva política pública, ni el proceso de acompañamiento aprobado en la ley.

Como es de público conocimiento, el aborto legal existente en Chile se derogó del Código Sanitario en 1989. Con esto, el aborto no dejó de existir mágicamente sino, muy por el contrario, continuó presente con cifras alarmantes desde el punto de vista de la salud pública, dada la vulnerabilidad sanitaria de un segmento de la población femenina chilena.

Me atrevo a definir este período como de una gran hipocresía social, toda vez que, era de conocimiento público, que las mujeres con situación económica favorable se realizaban abortos seguros en Chile o en el extranjero, y las más vulnerables quedaban dejadas a su suerte: conseguían algún método ilegal de aborto o tenían que seguir con su embarazo, en las condiciones que podían. Sorprendente, y hay que reconocerlo, ha sido la capacidad de las mujeres chilenas de aceptar semejante injusticia ya que, este sistema perduró en Chile por casi 30 años, y que, sólo en el año 2017, se logran las condiciones políticas para aprobar una ley que permitió la despenalización del aborto para tres hechos puntuales.

Algunos sectores han sostenido que, la discusión de la despenalización del aborto en tres causales, solo sirvió para disfrazar la discusión real sobre el derecho al aborto libre. Esto significa que las manifestantes por el aborto libre vienen a reivindicar un derecho sobre la autodeterminación de su cuerpo, en cuanto constituye una frontera donde el Estado no debería ejercer potestad alguna. Lo producido a continuación, no es más ni menos, que el desarrollo natural de una discusión encapsulada durante un largo tiempo, con un reconocido apoyo en sectores sociales que exigen correr el cerco de lo aceptable, avanzando hacia la consagración de más derechos individuales, esta vez con el rótulo: aborto libre y seguro. Esta iniciativa que, ya tiene algunas marchas en el cuerpo, gozará de legitimidad en la medida que busque ampliar el acceso a una política publica sanitaria, cuya  única finalidad, es respetar el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, sin perder la vida en el intento.

Este debate evidencia profundas contradicciones en el seno de nuestra sociedad, donde podemos divisar con nitidez, como pocas veces, las concepciones profundas que coexisten entre chilenos y chilenas.  Este debate resulta de la mayor relevancia, donde la experiencia comparada evidencia que no existen buenos, ni malos, correctos, ni incorrectos, dado que, no existen fórmulas perfectas para resolver esta ecuación entre libertad e igualdad. La libertad de decidir y de conciencia, la igualdad de acceso a condiciones de salubridad seguras, pero también de oportunidades para que, nuestros niños y niñas se desarrollen en plenitud, protegidos y queridos. Lo cierto que, mientras el debate toma forma en la sociedad chilena, las mujeres vulnerables siguen abortando en condiciones inciertas e inseguras, y las tres causales aprobadas siguen siendo insuficientes, para aquellas mujeres que deciden poner fin a sus embarazos. En otras palabras, se sigue enriqueciendo una postura hipócrita que, prefiere no debatir sobre una realidad evidente, como es la forma que las mujeres deciden desarrollar sus vidas.

La fórmula perfecta para resolver este dilema no existe, vale decir, un mecanismo que pueda dejar conformes a todas las partes en controversia. En este punto, el principio de la libertad individual puede ser el principio ordenador de la solución en democracia, tal cual se esgrimió hace menos de una década atrás en el debate legislativo sobre el divorcio en Chile. Países con más años de historia que la chilena, han enfrentado esta disyuntiva aprobando el aborto libre, fijando períodos diversos relacionados a cuando es posible realizar la interrupción voluntaria del embarazo de manera segura para la mujer. Países como Inglaterra, Bélgica, Alemania, Estados Unidos, Canadá, República Checa, Rusia, Italia, Francia, Portugal, España, Bulgaria, Dinamarca, Croacia, Gracia, Cuba, Uruguay, Austria, Suiza, Suecia y Rumania, entre otros, han logrado resolver la tensión antes mencionada, aprobando leyes de aborto libre con tiempos que van entre los 12 y los 24 semanas para realizar la interrupción.

La solución anterior no ha estado exenta de críticas por parte de los movimientos conservadores pero, para las mujeres que viven en estos territorios, existe una ley que ampara su derecho a decidir. Ahora bien, en paralelo existen programas de salud y educación sexual para adolescentes, métodos anticonceptivos con acceso universal, políticas de protección a la vida del que está por nacer y programas de acompañamiento; políticas sociales que permiten a las mujeres enfrentar con calidad el cuidado de los niños/ adultos mayores además de responder a exigencias laborales; apoyos monetarios para aquellas mujeres que son jefas de hogar en condiciones de vulnerabilidad, políticas de capacitación para mujeres que trabajan, políticas de salud mental para mujeres con trastornos diversos, entre otros programas. Sin embargo, lo que no se ha podido reemplazar hasta ahora es la voluntad de la mujer de ser madre, y cuando esta no existe, difícilmente una política pública puede reemplazarla y mucho menos, enfrentar las consecuencias que trae este vacío en la madre y su hijo. Esta es la justificación más real y concreta que fija los cimientos de la discusión del aborto libre.

Es innegable que los grandes cambios en el desarrollo de la humanidad se han enfrentado a fuerzas que buscan mantener la realidad existente, y otras, que desean progresar hacia nuevos estadios de desarrollo. Desde la abolición de la esclavitud, la consagración del voto universal o el derecho al descanso dominical, siempre hubo quienes se opusieron, vaticinando los más terribles males para la moralidad social. El camino que viene es debatir en torno a la aprobación del aborto legal y seguro, discutiendo en forma razonable los tiempos para la interrupción del embarazo, y ofreciendo una política de salud pública que garantice la atención médica oportuna a las mujeres que deciden sobre sus vidas, así libremente, sin más justificación que el reconocimiento que una sociedad le debe dar a la mujer de decidir en forma voluntaria sobre su rol reproductor.

Verónica Pinilla M.

Administrador Público de la Universidad Central de Chile

Ph.D. en Políticas Sociales y Administración de la Escuela de Sociología y Políticas Sociales, Inglaterra (Nottingham)

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