Latte y Patria




El domingo pasado Carabineros anunció en la prensa una nueva iniciativa para mejorar su relación con la comunidad, que consiste en disponer de tres carabineros en cada local de Starbucks para que se tomen un café y compartan con los ciudadanos, con lo que, según los impulsores de esta medida, se avanzaría en la tarea de recomponer la confianza perdida desde hace un rato entre la población y la institución policial. Se escogió esta cadena de café, dicen, porque en Estados Unidos realizó algo similar con gran éxito y Carabineros busca en todo el mundo las buenas ideas para implementarlas en Chile.

A mi modo de ver, más que para una columna, esta idea es ideal para una tesis respecto de cómo las instituciones abordan sus crisis, especialmente cuando éstas son valóricas. Es interesante la voluntad de abordar el tema de la pérdida de confianza en la institución, pero ese problema se vive con crudeza y desesperación no en los locales de Starbucks, sino en los cientos de territorios y poblaciones que ofrecerían no solo café, sino cualquier cosa con tal de contar con tres carabineros en su comunidad. El ejercicio de los carabineros en Starbucks equivale a los efectivos del Comando Jungla deteniendo a vendedores de ensaladas en la Araucanía, y desnuda el problema de fondo: la desconexión y la falta de sentido común de quienes están al mando.

Lo que Carabineros necesita es más calle, escuchar de verdad los dolores y desconfianzas de los ciudadanos que han sido abandonados porque no aparecen como puntos rojos en su STOP, los que ven invadidos sus barrios por bandas y balaceras. Allí es donde se vive más profundamente la desconfianza y la necesidad de una policía profesional, comprometida y conocedora de sus vecinos. Si alguien en serio cree que tomar café una vez por mes en un espacio aspiracional protegido cuenta como vinculación con la comunidad, créanme que no. Sería muchas veces más efectivo que esos mismo tres carabineros estuvieran una hora al día a la salida de los colegios, y aprovecharan de conversar con los hombres y mujeres, padres y abuelos que van a esperar a sus hijos. Y para eso no tienen que ir 10 días a Estados Unidos, hoy mismo hay una gran cantidad de carabineros comunitarios que hace ese trabajo silenciosamente, como debe ser. Pero claro, no salen destacados en los medios.

La tan mentada modernización de carabineros, que se repite como un mantra en el gobierno pareciera ser de cascarón débil, y más inclinada hacia la parafernalia y las relaciones públicas, que a la revinculación y la generación de confianza en la ciudadanía. Si no se lo toman en serio, a lo más seguirán dando mucho de que hablar, para el regocijo de columnistas y creadores de memes por doquier. Pero ser popular o tendencia en redes sociales, no tiene nada que ver con confiabilidad, prestigio y prestancia institucional.

Por último, el hecho de que quienes dirigen nuestras instituciones crean que pueden recomponer los lazos de confianza con acciones comunicacionales o de “responsabilidad social” nos habla de los difícil que es para la clase dirigente de hoy comprender a una sociedad que avanzó sin que ellos se dieran cuenta, tal vez mientras disfrutaban de un latte.

 

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