Ley Mortinato, más allá de la suspicacia




Hace unos días pudimos presenciar como colectivo de organizaciones que trabaja en temas de maternidad y duelo, el impulso que el ejecutivo dio al proyecto de ley que hemos estado promoviendo desde 2015, bajo el nombre “Ley Mortinato: Tu Nombre es mi Recuerdo”. El proyecto consiste en terminar con la prohibición legal que impide nombrar a un hijo que muere antes de nacer o durante el parto por su nombre, obligando a los padres a inscribirlo como NN.

Este hecho constituye un gran paso para comenzar a humanizar el trato que se da a padres en duelo gestacional y perinatal, hoy invisibilizado en nuestro país. Es un proyecto que objetivamente es difícil de rebatir, pues solo instauraría un registro especial y voluntario en el Registro Civil, para quienes deseen inscribir a sus hijos fallecidos en gestación, sin implicar ello ninguna modificación legal de otro tipo, como otorgamiento de personalidad o creación de RUT, ni tiene efecto patrimonial alguno. Es una iniciativa que, por lo demás, existe en países como Alemania y España, donde la pérdida temprana de un hijo y sus consecuencias en la salud mental de madres y familias es un tema ya abordado.

A pesar de las características recién descritas y las numerosas muestras de apoyo recibidas de parte de quienes han vivido la experiencia, hemos debido afrontar también reacciones adversas, muchas de ellas surgidas de titulares poco claros o contenidos tendientes a polemizar en medios de comunicación.

Es por eso que agradecemos todo espacio que nos permita esclarecer que lo que buscamos no es sino otorgar mayor libertad a las madres y familias para decidir cómo llevar adelante aspectos relevantes de su maternidad. No existe aquí intención alguna de entorpecer otros proyectos legales; más bien insta a cuidar a nuestras mujeres, en un contexto actual de absoluto desamparo: aquellas madres que pierden a sus hijos no solo deben enfrentar ese dolor sino el escaso, sino nulo, apoyo psicosocial y médico que reciben. Pues a la hostilidad que significa recibir un certificado de defunción con las siglas NN o tener que visitar una tumba con esa misma sigla, se suman una serie de tratos inadecuados en los centros de salud -carentes de protocolos de atención para estos casos- y ningún programa de apoyo sicológico o social. No es de extrañar entonces, que contemos con una tasa de 70% de depresión posparto en estas mujeres, 30% de rupturas de pareja y otras altas cifras de deserción laboral.

Lo que sí desconcierta, es que frente a este escenario, la cultura de la sospecha instalada en nosotros, ponga reparos para cambiar esta realidad. Para las organizaciones de la sociedad civil que, sin fines de lucro, y motivadas por necesidades generalmente surgidas de nuestras propias vivencias, tener que enfrentar un clima suspicaz es muy desalentador. Esto, no solo porque nuestro trabajo viene a llenar un vacío que el sistema público no ha sido capaz llenar y por ende, debe ir abriendo un camino muchas veces antes no recorrido, sino porque entrar en la dinámica de las desconfianzas políticas nos es ajeno y desgastante.

Por eso, necesitamos apelar a los medios para que se informen bien, antes de emitir juicios errados y publicar reportajes basados en suposiciones. Los invitamos a ellos y a personajes de opinión influyentes a no dejarse llevar por la sospecha infundada e ir a las propias fuentes.

Es cierto que probablemente habrá alguien que sacará provecho político de esta iniciativa. También habrá quien no la apoye, por temor a que se confunda con temáticas contingentes. Pero más cierto es que hasta hoy, todo el que ha podido oír de primera fuente el dolor que pasa una madre o un padre que pierde un hijo antes de nacer, nos ha apoyado. A esas personas, que han sido consecuentes con los motivos del proyecto de ley, que fueron empáticas y comprendieron la importancia de su colaboración para un grupo de padres en duelo, les queremos agradecer de todo corazón su apoyo y destacar el bien que le hacen a una política tantas veces desprestigiada.

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