Los rostros de la oligarquía y la irrupción del pueblo




Un sujeto político que se articula en forma acelerada; diversa y propositiva; empieza a incidir definitivamente en el escenario nacional y en el curso de los acontecimientos.

El Pueblo.

Es claro que se trata de una tendencia histórica que ha tenido hitos trascendentes y no episódicos:

Lo más reciente, el estallido social que partió en octubre, que es claro que adopta y adoptará más envergadura en los meses que vienen. Pero antes, y durante la rebelión en curso, las trasgresoras y multitudinarias manifestaciones feministas y de las diversidades y disidencias de género. Y antes, y durante también, las movilizaciones de la Central Unitaria de Trabajadores, que empuja ante la grieta brutal entre el capital hiper concentrado y el mundo del trabajo; la Mesa de Unidad Social; el movimiento No Más AFP. En fin, las articulaciones por el Agua; el fin al CAE; el medio ambiente.

Y para asumir definitivamente que se trata de una tendencia, es bueno tener presente el efecto en el escenario político que tuvieron las grandiosas movilizaciones el 2011; la revolución pinguina; las protestas de trabajadores contratistas; los paros nacionales de la CUT.

Hoy, el 10% hecho ley, se hizo realidad por la presión y protesta social y popular; que incluso hizo cambiar el voto a parlamentarias y parlamentarios de la derecha, y también de la “oposición”.

La trágica pandemia, y la nefasta gestión de un gobierno insensible y retrógrado, han profundizado la grieta social en Chile. Hoy, la llamada “clase media”; las pequeñas y medianas empresas; emprendedores de todo tipo, han sucumbido en forma violenta, y la anatomía de un sistema económico y político amparado en una fatigada democracia representativa muestra sus profundas carencias democráticas, en todos los aspectos.

La distancia entre estas expresiones, y una élite que fraguó su relativa legitimidad democrática amparándose en una política de consensos que surge en la década de los noventa, está liquidada. Hoy, más que ayer, se muestra que más que transformaciones sociales, su sentido histórico ha sido la contención del descontento; el apaciguamiento; el afincamiento de una identidad auto referente en donde se delega el poder político.

En términos gramscianos; pero también en términos allendistas; el sujeto popular que se rearticula en intensos tiempos históricos en Chile, no niega ni reniega de los partidos ni de las fuerzas políticas. Pero los interpela; los conmueve. Desde una más que legítima sospecha que se ha fraguado por muchos años.

Sin embargo, lo más relevante de todo esto, es que abre camino a su identidad de sujeto incidente en el rumbo de los acontecimientos; en las direccionalidades políticas en disputa.

La oligarquía reafirma su camino represor y de fortalecimiento del capitalismo salvaje. Con todos sus rostros, incluso los “más amables”, como el de Lavín que, estuvo por el 10 %.

En los partidos del centro y de la izquierda, se generan reordenamientos. Pero no parece nada claro un sentido común anti neoliberal. La historia política y social de Chile, incluso antes del golpe terrorista de 1973, tiene facetas que hay que a lo menos considerar, en la dialéctica real de la historia.

La hegemonía en el campo de las correlaciones de fuerzas políticas, está abierta, y en disputa.

Y sólo como botón de muestra, para dejar claro el desface tremendo entre élite política y mundo popular: En Chile, hoy,  pueden ser candidatas y candidatos al Parlamento personas que provienen del campo oligárquico. Pero no pueden serlo, salvo que renuncien a su identidad esencial, las y los dirigentes sociales y sindicales.

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