Luchando por una vejez digna




La población chilena está envejeciendo… eso es un hecho. La cifras nos muestras un país que estadísticamente está evolucionando, situación que nos hace reflexionar; hoy las personas mayores viven más años pero no necesariamente mejor. Esta interrogante se enmarca cuando durante las últimas semanas Chile ha sido golpeado por casos de adultos mayores en situación de abandono, con desenlaces fatales.

El caso de Elsa y Jorge, dos adultos mayores de la comuna de Conchalí, que decidieron quitarse la vida, con el propósito de no ser separados, un caso que ha consternado a todos/as y nos tocó la sensibilidad de manera indirecta.

Quizás frente a estos casos es que nos hacemos diversas preguntas como ¿Nuestro país estará preparado para asumir la avalancha de adultos mayores que se prevén en los próximos años? ¿Cuánto han avanzado las políticas públicas adosadas a los adultos mayores en Chile?…Se ha buscado mejorar las condiciones de dignidad de los adultos mayores… Se ha buscado mejorar las condiciones de salud de las personas mayores…¿Cuáles es el beneficio que el Estado le ofrece a los adultos mayores? ¿Darán abasto dos centros de larga estadía para la cantidad de adultos mayores abandonados versus la cantidad de adultos mayores que se prevén serán en los próximos años?… y podríamos seguir formulando muchas más, pero qué pasa hoy con la política; desde las distintas esferas ha sido precaria, indiferente y también, porque no decir falente. Estamos frente a una sociedad que está cambiando, donde todo indica que este rango etario llevará la delantera y los cambios no han sido lo suficiente para apaliar la necesidad de una vida más digna…pareciera que esta palabra fue olvidada por los gobiernos de turno, inyectando recursos a políticas públicas asistenciales, a través de pensiones precarias, aportes precarias, bonos precarios…. Entre otros.

El asistencialismo ha sido el gurú de este sistema económico que nos dice; ayuda, que no se diga que no lo hacemos. Pero será sólo ayuda lo que necesitan los adultos mayores o necesitaran un cambio más drástico.

Asimismo también la sociedad basada sobre el individualismo, la indolencia hacía los problemas que aquejan el otro, la perdida de voluntad y lo de deshumanizado que estamos, nos han despojado del deber ser. Hemos perdido la vida en comunión, la vida de vecindario, la ayuda entre vecinos, la  fraternidad de tomar un cola de mono para el año nuevo y salir a repartir abrazos, la taza de azúcar o un poco de harina que te obligaban a compartir con tu vecino/a, hemos entrado en una fase de retroceso perdiendo la vida en comunidad, donde antes si me importaba que pasara con el/la otro/a.

Los gobiernos locales han perdido la visión de humanizar sus territorios, los adultos mayores no son sólo sinónimo de votos, hay mucho temas que abordar desde lo biopsicosocial, y desde la vida en comunidad. El servicio del adulto mayor (SENAMA) al alero del Ministerio de Desarrollo Social, da un escasa intervención al no tener un presupuesto propio, generando instancia de co-responsabilidad entre los gobiernos locales para generar mayores canales que permitan mejorar el proceso. Esto no es una solución, un servicio ya quedó chico ante tanta necesidad de esta población.

Por otro lado, las AFP son el fiel reflejo de la poca dignidad que hoy les damos a nuestros adultos mayores, que durante años fueron mano de obra sirviendo al país con  retribución de pensiones precarias. Debiendo hoy, seguir trabajando en empleos precarias, con sueldos precarios para aumentar su pensión precaria.

Desde el punto de vista de la salud, los adultos mayores pasan a ser un gasto, son postrados o son los habituales de los consultorios, consecuencia de sus enfermedades que son sinónimo y propias de la adultez, pero si son sinónimo de una vida de precariedad.

Estos adultos mayores que murieron son el reflejo de lo que hoy sucede con los adultos mayores en nuestro país, han sido olvidados al no son productivos. La muerte de este matrimonio de ancianos fue una muerte de esperar, era casi una premonición, más que solo saber el modo y cómo.

Es tiempo que como sociedad generemos cambios, de que volvamos a mirar quienes viven junto a nosotros, a generar redes de protección, no nos podemos quedar impávidos de los que está ocurriendo en nuestro alrededor, la dignidad es un derecho, no es un obsequio.

 

 

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