Marzo-Abril 2020




En grados más, en grados menos, las legítimas protestas callejeras han continuado en todo Chile.

En los estadios de futbol; en los recitales; en los festivales musicales y de diversa índole, las expresiones de rechazo al gobierno de Piñera son multitudinarias.

Todos, todos los estudios y encuestas cualitativas muestran que este gobierno tiene el repudio casi unánime de las mayorías nacionales.

También muestran que las demandas sociales por pensiones dignas; salarios dignos; salud decente; educación de calidad accesible a todas y todos; trabajo; participación y protagonismo social, siguen siendo la centralidad que motiva y moviliza al Pueblo de Chile.

No es una opinión, es un hecho: en todos estos aspectos tan sensibles el gobierno y la derecha no han respondido ni siquiera mínimamente. Y persisten en forma terca e inhumana en imponer condiciones de vida bajo la pervivencia, y el mensaje siguen siendo: “Seamos serios; seamos responsables; gastemos con realismo”…..mientras las transnacionales; la gran banca y las familias coludidas en el control mayoritario del país y su economía, siguen logrando altísimas tasas de ganancia y plusvalía.

El gobierno se sigue imponiendo en el parlamento. En credibilidad, esa institución está por los suelos y la mayoría del país lo rechaza. El gobierno, con su política de cerrar diálogos y dar portazos a los movimientos sociales, arrastra al parlamento a una situación de no retorno. Ciertamente, hay parlamentarias y parlamentarios que luchan por abrir camino a las mayoritarias demandas y propuestas de un Pueblo que no se detiene. Pero siempre, casi siempre, hay sectores parlamentarios que le brindan apoyo al gobierno, (que no son de la derecha), y se termina con la aprobación de sus proyectos y sus antidemocráticas acciones.

NO es menor que, en este diseño, el gobierno cuenta con el respaldo de sectores (no de la derecha), que comparten las leyes represivas; la idea de que Chile “necesita orden social”; y que poco menos que son las manifestaciones sociales las que ponen “en peligro” la democracia.

El Pueblo de Chile ha esperado con paciencia respuesta, en estos meses.

Dejó ver y expresó con claridad sus demandas y propuestas.

El proceso constituyente, es consecuencia de esa democrática presión popular y ciudadana. El “acuerdo”, precisamente, perdió legitimidad porque intentó apropiarse de un camino que fue el Pueblo el que lo abrió, y que hoy mismo no está asegurado porque el gobierno, la derecha y otros sectores pretenden repetir la fatigada política de los consensos que dejan excluido al Pueblo, y su soberanía plena.

La democracia, en definitiva, es esencialmente la soberanía popular. A Chile lo que le hace falta, con urgencia, es soberanía popular en ejercicio pleno; participación ciudadana; protagonismo social. Y no más delegación de poder al servicio de una elite económica y política que sospecha del Pueblo; lo quiere domesticar; se autodefine como la “clase gobernante”.

El Pueblo de Chile no está en contra de la política; los partidos; las instituciones. Hoy no es así, e históricamente tampoco. El Pueblo de Chile exige democracia soberana, justa, socialmente participativa, y está luchando por eso.

Marzo-Abril serán muy relevantes en este camino. El Pueblo seguirá movilizado.

Quienes ven este camino con sospechas; miedos; y tratan de imponer la represión y “el orden”, cometen un acto de lesa Patria y lesa Democracia.

Hay que asumir que Chile, mayoritariamente, está exigiendo un cambio de fondo en la economía; en la política; en la sociedad.

En este contexto, sigue abriéndose camino, como una salida democrática, el adelanto de elecciones presidenciales y parlamentarias, a lo menos.

Ninguna institución del Estado, ni el poder judicial; ni las Fuerzas Armadas y policiales; ni el Ministerio Público; ni la Contraloría, pueden sustraerse de esta situación. Tienen una inmensa oportunidad histórica. Pero, también, una inmensa responsabilidad democrática. El gobierno, en su accionar, impone un camino de represión; violencia de estado; violación a los derechos humanos. Busca imponer el camino de la penalización. Esto no puede seguir así.

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