Más allá del sueldo mínimo




Mientras se discute el aumento del salario mínimo, la productividad y el crecimiento económico, pocas son las personas que realmente se están preocupando del real fondo del asunto. La capacidad que tiene el país de crear mejores empleos, satisfacer el desarrollo personal y profesional de los trabajadores y lograr construir no solo una sociedad más prospera, sino que más equitativa y también más feliz.

Con una tasa de desempleo del 7,2% a nivel nacional para el último trimestre, según el INE, pareciera ser que es un tema que está cerca de ser superado, sobre todo si se cumplen las expectativas económicas de la reactivación y creación de empleo. Sin embargo, dentro de los ocupados una gran cantidad de trabajadores posee empleos extremadamente precarios, ganan muy cercano al sueldo mínimo, y básicamente sobreviven en el día a día trabajando “como puedan y en lo que haya”. Miles de conductores de Uber, cocineros temporales, trabajadores por cuenta propia, son una verdadera bomba de tiempo ante la alarmante falta de oportunidades reales. Técnicamente no cuentan como desempleados, pero tampoco trabajan en lo que estudiaron o quieren trabajar, ni tampoco en las áreas en que podrían ser más productivos y aportar de mejor manera al crecimiento del país. Estos trabajadores representan a la mitad de la fuerza laboral que gana bajo 380.000 pesos mensuales para un trabajo de jornada completa.

Por esta razón, enfocar a la discusión laboral al nivel de sueldo mínimo o variaciones en la tasa de desempleo no es suficiente. También es fundamental cuestionar el tipo de empleo que se está creando o que se creó durante los últimos años. Es cosa de preguntar a amigos y familiares por sus trabajos, ver los avisos de ofertas de trabajo o, cada vez más común, conversar con los conductores de Uber, Cornershop o Cabify, para darse cuenta de que el tipo de trabajos disponibles son dramáticamente distintos a lo que los trabajadores están buscando. Ya sea que se piden trabajadores altamente especializados, al límite de llegar a ser poco realistas, o bien por ofrecer sueldos que no se condicen con la realidad económica del país, ni con el nivel de ingresos que alguna vez muchos trabajadores tuvieron.

No es la idea decir que trabajadores y empresas son rivales, lo único cierto es que son sus trabajadores quienes están llamados al desarrollo y crecimiento del país. Por el otro lado, muchas veces se olvida que los empresarios también son, en cierta forma, empleados de sus propias empresas. Y es en este plano, de igualdad, que se hace el llamado a entregar oportunidades dignas y sostenibles para todos. Muchas veces se ha visto como empresas tienen remuneraciones por debajo de lo que son capaces de pagar, o menos trabajadores de los que realmente necesitan, todo esto en búsqueda de una mal llamada eficiencia operacional, en la que son justamente los trabajadores quien mediante largas jornadas de trabajo o bien salarios por debajo de lo esperado, terminan entregando una especie de subsidio a sus propios empleadores.

Como reflexión final, sería interesante cuestionar qué es lo que se entiende por empleo. ¿Es suficiente decir que recibir un sueldo a fin de mes constituye un empleo y punto? Más bien parece razonable el comenzar a centrar el debate público y sobre todo las políticas laborales en mejorar la calidad y seguridad del empleo, no solo de los empleos generados directamente, sino que también de servicios externalizados.

 

Bárbara Cuevas.

Trabajadora Social – Ingeniera Comercial.

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