Más democracia, más museos de la memoria




Con motivo de la renuncia del exministro Mauricio Rojas a la cartera de Cultura en agosto pasado, el presidente Sebastián Piñera, anuncio días después, la creación de un Museo de la Democracia argumentando que es necesario recordar cómo nuestra democracia se ha perdido en la historia, que ésta es el valor fundamental de convivencia en nuestros tiempos, y que no hay que darla por garantizada. Dicha entidad funcionaria físicamente en una dependencia del Museo Histórico Nacional.

El anuncio del presidente estaba ya en el programa de gobierno de la coalición, en cuya elaboración participó activamente el renunciado Rojas. Sin profundizar respecto de los principios inspiradores, contenido y objetivos de este, se ha conocido que la directora encargada de echar andar este proyecto es nada menos que la historiadora Lucía Santa Cruz, ferviente admiradora de Pinochet, quien previo al plebiscito del año 1988 llamaba a votar por el Sí, y que hace unos días señaló en un medio de prensa, refiriéndose a los derechos humanos, que Pinochet había cometido “muchos errores, no delitos”. Otros de los que participan activamente de la iniciativa, es el UDI y ex secretario de la presidencia, Cristian Larroulet; el hijo de Lucía Santa Cruz, el historiador Juan Luis Ossa, y David Gallagher, quien abogó por la libertad de Pinochet durante su detención en el Reino Unido.

Respecto del museo, en términos generales señalan que “contextualizar la política democrática debe ser el eje rector de un futuro y necesario museo de la democracia”, para que no se pierda lo logrado como país, marcando una diferencia conceptual con el Museo de la Memoria, afirmando en definitiva que este último no tiene por objetivo explicar historiográficamente lo ocurrido entre el 1973 y1990.

En efecto, el denominado “Museo de la democracia” parece ser sin duda una iniciativa del sector más duro del gobierno actual. Son los mismos que apoyaron férreamente la dictadura de Pinochet, que miraron para el lado cuando se asesinaba y torturaba: son los mismos que negaron descaradamente lo que estaba ocurriendo; los mismos que recomendaban informar en los amparos presentados, que no existían detenidos, y que pretenden equiparar las violaciones a los DDHH en dictadura, a la crisis política económica del gobierno democrático de Salvador Allende.

El Museo de la Memoria es también un museo de la democracia, un espacio que ayuda al que lo visita a valorar la vida republicana quebrantada, por razones sociales e ideológicas; que permite aprender más respecto de la igualdad, que permite reflexionar sobre la libertad perdida, y que te invita a recordar lo importante que es el respeto a los derechos humanos. No solo visibiliza la forma en que Pinochet y los civiles que lo apoyaron (muchos de ellos, ahora en el gobierno y en el parlamento) hicieron política en nuestro país durante 17 años; no solo instala cruda pero verazmente un “nunca más en Chile”, sino que también explica la forma de cómo el golpe militar de 1973 apoyando por civiles dejó sin efecto un gobierno democrático elegido popularmente, instalando una dictadura.

Hay voces criticas que se alzan y señalan que, en vez de crear un Museo de la Democracia, de dudoso contenido ideológico en atención a los nombres que aparecen vinculados en su gestación y diseño, debería existir un gran proyecto que conmemore a nivel nacional a través de museos o memoriales, las grandes matanzas por motivos políticos y sociales efectuadas por agentes del Estado chileno en gobiernos considerados democráticos.

Me refiero entre otras, a la horrenda matanza de la salitrera La Coruña ubicada en la Pampa del Tamarugal acaecida el 5 de enero de 1925. En esa fecha, los obreros decidieron movilizarse con el objetivo de tener mejoras en las condiciones laborales y económicas. El gobierno de Arturo Alessandri Palma declaró estado de sitio en la zona y envió al ministro de Guerra Carlos Ibáñez del Campo a la pampa, quien se hizo cargo de la situación, enviando contingente militar y de la armada. Se utilizo artillería pesada, caballería e infantería. Total de muertes: 2 mil pampinos, entre ellos mujeres y niños. El ejército no sufrió bajas.

O por ejemplo, la desaparición forzada de personas de 1934 ejecutada en el segundo gobierno Arturo Alessandri Palma, en Ránquil, zona Cordillerana de Lonquimay. Años antes el Estado chileno entrego a la oligarquía vastos territorios en el Alto Bío Bío para su explotación. También se los entregó a colonos para poblar el territorio. Una familia oligarca logró desalojar a unos colonos en pleno invierno en el sector de la vega de Nitrito. Más de 50 familias fueron despojados y dejadas en la calle. Tales desalojos se efectuaron en otras tierras aledañas. Esta situación provocó que el sindicato campesino de Lonquimay se sublevara el 26 de junio. La represión a la sublevación dejó 10 muertos entre ellos varios carabineros y 400 detenidos que fueron llevados a Lolco, ubicado a 70kms. de Lonquimay. Posteriormente, el general Arriagada informó que muchos de los detenidos se habían fugado y se suicidaron lanzándose al río. Días después, a principios de julio, el comandante de Carabineros Fernando Délano anunciaba que llegaban 56 detenidos a la cárcel de Temuco. ¿Qué sucedió con los más de 300 detenidos? Nunca se investigaron los hechos, hasta el día de hoy nunca se supo dónde están.

Otro episodio es la Matanza de Santa María de Iquique, de 1907, considerada como una de las peores de la humanidad. Se calculan 7.000 mil personas ametralladas. El 10 de diciembre los obreros del salitre iniciaron una serie de huelgas con el objetivo de que no se les pagara con fichas, sino con dinero efectivo y en moneda chilena, suelo de concreto en las viviendas, desahucio, seguridad en los trabajos, etc. La huelga se hizo nacional y miles de trabajadores viajaron a Iquique para intervenir en las demandas, llegando a participar más de 12 mil trabajadores, previo a la masacre. El 21 de diciembre de 1907, Pedro Montt, que había declarado Estado de Sitio, le dió amplias facultades a su ministro del interior Sotomayor, quien ordenó al general militar Roberto Silva Renard sofocar la rebelión de todos los obreros que se alojaban en la escuela Domingo Santa María. La matanza duró solo algunos minutos a punta de metralla. El propio Silva Renard señaló que “solo demoró 30 segundos”.

La democracia siempre es un desafío, es constante tensión, es dinámica, está en evolución a cada momento, se construye diariamente mediante la participación de todos los miembros de un país, incluyendo a todos, la democracia es inclusión de todas las razas, de todas las opciones sexuales, es el espacio por antonomasia de integración social, una democracia moderna erige a los derechos económicos, sociales y culturales como su desafío máximo, la democracia se reforma de tal manera que permite espacios interminables de participación en las decisiones y no se agota en el mero ejercicio  electoral. La democracia es un proceso de aprendizaje de la tolerancia, de la justicia social, es igualdad formal y de fondo. La democracia no debe estar representada en un museo, no es la colección privada de tal o cual presidente, ni debe ser una nueva forma desesperada de explicar una historia al margen del pueblo.

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