Nido de Buitres




El caso de Katy Winter, alumna de uno de los colegios que alberga a la élite chilena, y que se suicidó hace unos meses, fue en extenso abordado por el diario The Clinic, en un reportaje que ahonda en las razones, contadas por sus propios cercanos, que llevaron a esa linda y talentosa joven a quitarse la vida. A nadie deja indiferente los antecedentes entregados por los protagonistas, y como el colegio tiene al menos una responsabilidad moral, indudable en los hechos que desencadenaron la tragedia.

Además de estas casi evidentes conclusiones, es importante analizar otras.

Primero, como en una especie de cofradía compuesta por los alumnos adolescentes, a vista y paciencia de todos los adultos, padres, profesores, hermanos mayores, etc,  tejían verdaderos actos de vulneración reiterada y lo que es peor, naturalizada, en contra de los derechos de las mujeres, a tal punto de convertirlos en una “tradición” escolar.

Ver cómo estos niños privilegiados, se vulneran entre ellos sin piedad y cómo esas mismas niñas son víctimas sin reclamar, llama profundamente la atención, sin embargo lo más relevante, es concluir cómo las mujeres sin importar a qué sector pertenezcan, ni tampoco la red de apoyo que tengan, seguimos aportando de una u otra forma, a esta naturalización generacional de  vulneración de nuestros derechos.

Cómo puede ser que después de tantos años, tanta lucha y reclamo, seguimos como mujeres sin entender que para avanzar en paso firme y ahondar así en los cimientos de esta cultura patriarcal, es indispensable internalizar que el punto de partida y sin retorno, para esos cambios socioculturales que tanto necesitamos, es sin duda el dejar no tan solo de ser víctimas, sino también victimarias.

Conceptos y principios que ni aún dentro de esta élite escolar parecieran estar claros, y peor aún el colegio, que alberga a estos futuros líderes, no solo acepta que la honra de las mujeres sea atropellada, sino que protege a los que la vulneran, consecuencias que hoy llevaron hasta el abismo a una adolescente que el único pecado que cometió, fue sobresalir de ese verdadero nido de buitres.

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