No más mesas técnicas. Sí, propuestas y diálogo ciudadano




Primero: No cabe duda que la “democracia representativa” de Chile es un sistema político agotado; fatigado; que requiere cambios; renovación; no más de lo mismo. La distancia entre las instituciones políticas y gran parte de la ciudadanía es grande, y, lamentablemente, creciente. El sistema de delegación de poder ha construido una élite que se ampara más en lo mediático, que en la interacción con la ciudadanía.

Segundo: Buena parte de la ciudadanía vive condiciones socio-económicas malas. Salarios bajos; salud crítica; pensiones de miseria; somos el séptimo país más desigual del mundo (según el Banco Mundial, que no es comunista ni antineoliberal); y el nivel de endeudamiento de la mayoría ya llega a niveles alarmantes.

Tercero: Los movimientos sociales; ciudadanos; que se han expresado en Chile, son los que han instalado las grandes demandas y han presionado para que esos contenidos sean considerados por y en el sistema político: Comunidades Mapuche; movimientos medioambientalistas; Colegio de Profesores; Central Unitaria de Trabajadores; estudiantes de la media (Revolución Pinguina); movimiento 2011, millones exigiendo educación gratuita y de calidad; No Más AFP (plebiscito ciudadano y millones en las calles); Feministas; Verdad y Justicia para las violaciones a los derechos humanos. En fin, desconocer que estas expresiones no tienen propuestas (bien articuladas) es simplemente falso.

Cuarto: La experiencia “técnica” de la instalación del transantiago, originalmente, fue patética, nefasta, esquizofrénica. Quedaron comunas enteras sin movilización. La aplicación “técnica” del sistema de AFP, del sistema CAE, han sido nefastas para la buena parte de la sociedad. Hay varias experiencias más, que dejan mucho que desear de esta delegación a “lo técnico” en nuestro país real. Las experiencias reales de “mesas técnicas”, han buscado dar legitimidad a intentos nostálgicos y noventeros, en donde, la mayoría de las veces, se encuentran voces de la derecha y de la ex concertación. Los sectores políticos críticos del neoliberalismo quedan fuera, y los movimientos sociales y ciudadanos, también.

Quinto: La batalla por 40 horas comenzó hace años. Es una propuesta de la diputada Camila Vallejo; que se hizo proyecto junto a la diputada Karol Cariola, y a parlamentarios y parlamentarias transversalmente, incluso de derecha. Su fortaleza radica también en que la empujan decenas y decenas de sindicatos y organizaciones sociales. Y se ha debatido, mucho, en territorios; comunas; y por cierto en el Parlamento.

Hay “gato por liebre”, porque astutamente, el gobierno metió en el mismo saco sus 41 horas (que son más); y sus intentos por precarizar; flexibilizar y reducir los derechos laborales y debilitar a los sindicatos. Y a esto le llamó: “mesa técnica”.

Sexto: Hay otras experiencias muy positivas en la misma dirección de las 40 horas, en donde el parlamento dialoga e interactúa con la ciudadanía, incluso buscando superar las fuertes limitaciones que esa institución tiene de origen.

La severa crisis medioambiental, en Chile, también se pretende enfrentar con una “mesa”…pero se deja afuera a movimientos medioambientalistas y potentes voces que han surgido de esas luchas; de las zonas de sacrificio, muchas incluso reconocidas en todo el mundo. Y que tienen propuestas de fondo y  forma.

Séptimo: El gobierno buscó el camino “corto”, para tratar de imponer su agenda regresiva en materias laborales. Y para eso reinventó una “mesa”, a la cual pretende darle forma de “acuerdo nacional”.

En verdad, nefasto, porque en la simulación, no tomó en cuenta que en Chile la vida social; los movimientos ciudadanos; las organizaciones sindicales; los partidos políticos que están por las transformaciones, también son reales.

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