No son las tetas compañeres




Hace 8 años fui de las primeras que levantó la voz sobre la gravedad de los piropos en tanto acoso callejero que atenta contra la dignidad de las mujeres, me llamaron de distintos medios y como respuesta a una entrevista, cientos de congéneres me llamaron frustrada, frígida y traumada. No fue fácil enfrentarse al machismo de muchas mujeres.

Hoy veo el movimiento feminista y tengo sentimientos encontrados. Por un lado, mi causa de instalar el acoso callejero como un tema importante ha tomado fuerza y me parece necesario que se entienda como una forma de violencia inaceptable. Sin embargo, me está faltando más sustancia. Salir a las calles con la tetas al aire o cambiar el lenguaje para neutralizar el género (“compañeres”, “nosotres”, “todes”),  no  es algo que tenga resultados.

Las feministas que hicieron historia en nuestro país, como Elena Caffarena y Amanda Labarca, tuvieron argumentos profundos para que las cosas cambiaran. En la primera mitad del Siglo XX, Elena se dedicó a promover los derechos jurídicos de la mujer, en ese entonces atadas a la voluntad del padre o del marido. Además, fue clave para conseguir el derecho voto. Amanda Labarca en tanto, usó la educación como herramienta para levantar la causa feminista. Fue profesora y estudió en la Universidad de Columbia y La Sorbona, de donde trajo las ideas feministas. También fue capaz de entrar en política, específicamente en el Partido Radical para instalar dichas ideas.

Sí, me preocupa la sustancia. En junio se produjeron cinco femicidios en tan sólo 36 horas. El país reaccionó: marchas, velatones y declaraciones ciudadanas. ¿Y las autoridades? ¿Dónde estuvieron el Presidente de la República, las parlamentarias, las líderes nacionales y el mismo movimiento feminista?. Fueron 34 casos en 2016, 43 en 2017 y a junio de 2018 vamos en 15 femicidios (55 frustrados).

Además de tener un problema social, tenemos un gran problema institucional y legal, lo que se evidencia un informe del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (ONU) que critica al Estado chileno y dice que tenemos una tarea pendiente en cuanto a violencia de género e igualdad entre el hombre y la mujer. A saber, existen serias limitaciones de la ley de violencia intrafamiliar para sancionar los casos de femicidio, puesto que requiere que el autor mantenga o haya mantenido una relación con la víctima, mientras que en otros países se sanciona el asesinato de una mujer sólo por el hecho de ser mujer, una mirada impulsada por la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer.

Nuestras instituciones no han sido capaces de generar las condiciones para que se extinga el miedo entre mujeres amenazadas de muerte. Por trabajo me correspondió visitar una pequeña localidad del norte. Allí, ante la autoridad nacional encargada de la prevención del delito, una mujer dijo entre lágrimas y con la voz cortada: “contamos con un solo carabinero para este sector; mi ex marido me tiene amenazada de muerte y sé que me matará”. Un relato desgarrador.

Suprimir la discriminación contra la mujer es de la mayor relevancia, pero asegurar que vivan es urgente. Tenemos que empujar cambios radicales en la institucionalidad, en la cultura -hasta hora patriarcal- que domina nuestro país.

No son las tetas en la calle, es el verdadero compromiso de todas por ir al fondo, intervenir en política, activar en instituciones, desarrollar argumentos potentes, idealmente de carácter jurídico para que además de proteger nuestra integridad, no tengamos que llorar a más mujeres muertas.

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