No son treinta pesos, ni treinta años




Este último año ha sido particularmente importante para todos. No solo enfrentamos la peor crisis sanitaria de las últimas décadas con el peor gobierno, algunos dicen desde el retorno a la democracia, pero yo me atrevería a decir de la historia. Mismo que se ha dedicado a defender los intereses empresariales, en vez de preocuparse por la ciudadanía; si no que, además hemos visto como Chile cambió gracias a un grupo de jóvenes que se atrevió a saltar los torniquetes del metro de Santiago el 18 de octubre del 2019, con el slogan de que “no son treinta pesos. Son treinta años”. Así partió todo…esta vez.

Digo esta vez, por que en rigor Chile ha enfrentado a lo largo de su historia distintos

procesos que intentaron acortar la brecha social, los que fueron truncados de forma violenta y represiva por agentes del estado, serviles a los intereses de los grupos económicamente dominantes en el país. Historia que se repite una vez más.

Vimos como durante meses la plaza de la Dignidad se llenaba de gente de todas las edades, colores y formas, con un fin común: recuperar la dignidad que paulatinamente se ha ido perdiendo. Pero esto no ha sido gratis, por que la represión ha sido brutal y muchos, como Gustavo Gatica, “entregaron sus ojos, para que los demás pudieran ver”.

Es medio de toda esta represión que surge el punto de inflexión, la idea de una nueva Constitución. La posibilidad de cambiar el futuro de chilenos y chilenas y que será construida por todos y todas en democracia. Obviamente, el gobierno se reúsa en una primera instancia, pero se ve obligado a reformar y llamar a un plebiscito.

Claro está, que la derecha mañosa ha tratado de todas las formas posibles, de opacar este hito histórico, pero tengo la certeza de que el triunfo del APRUEBO va a ser aplastante, dado que, desde todos los rincones de nuestra sociedad, se han levantado voces reclamando por sus derechos que han sido vulnerados a lo largo de la historia de nuestro país.

Tal cual he venido diciendo hace rato, Chile no es el mismo de los ´60 o ´70. No somos una sociedad de obreros y campesinos con una clase oligárquica que maneja hasta el voto de sus empleados. Hoy, tenemos una juventud, que, a diferencia de nosotros, creció en esta democracia, que a pesar de ser “en la medida de lo posible” les entregó la seguridad de poder opinar y de fundamentar sus justas demandas. Sumado a lo anterior, la tecnología les abrió las puertas de un mundo que nosotros apenas conocemos y manejamos. Han tenido la capacidad de organizarse y de auto convocarse, sin la necesidad de un caudillo que hable por ellos.

Hoy el desafío es otro y no les corresponde a nuestros jóvenes. Le corresponde a la clase política que, dicho sea de paso, no ha dado el ancho en esta gesta histórica dando muestra una vez más de que la manera arcaica en que han manejado las cosas hasta ahora ya no sirve para enfrentar el futuro. Necesitamos nuevos rostros que vengan con ideas acordes a los tiempos que vivimos.

Sé a ciencia cierta, que el APRUEBO va a ganar de manera holgada y la CONVENCION CONSTITUYENTE va a ser la forma en que redactaremos la Carta Fundamental del futuro de Chile, lo que nunca habría sido posible sin esos jóvenes que saltaron el torniquete del metro ese 18 de octubre de 2019.

 

 

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