Nosotras mismas, tenemos que hacer los cambios




En un Chile que inexorablemente cambia, este 8 de marzo, consolida el rol protagónico que la Mujer ha desempeñado en este proceso.

Junto con reconocer las luchas históricas de la Mujer en el mundo contemporáneo, la experiencia chilena es digna de considerar. Hemos sido capaces de colocar con fuerza en la agenda social los conceptos de igualdad de derechos en la familia, en la sociedad, en la economía y en la cultura. Sin embargo, aún falta consolidar estructuralmente estos cambios.

En el debate por una nueva constitución debe quedar claro y garantizado la eliminación de la brecha salarial entre hombres y mujeres, mayores posibilidades para las mujeres en el acceso al trabajo, un castigo ejemplar para quienes acosan, violan y cometen femicidio.

Este proceso sociopolítico ha sido de construcción colectiva. Las mujeres exigimos no sólo dignidad, sino valoración del rol que estamos jugando en el ámbito de lo social y político, de donde hemos sido marginadas sistemáticamente en forma brutal. Hacer de este valor una cultura del día a día, es el llamado urgente.

Las mujeres somos parte fundamental de todas y todos quienes buscan instalar en el cotidiano de nuestras vidas, la necesidad de la movilización, la condena y el rechazo a la violencia contra mujeres, como expresión política del sistema de dominación.

Las mujeres nos hemos constituidos, abriendo espacios de discusión y diálogo en diversos luchas sociales y políticas. En la actual situación nacional, nos jugamos por darle sentido a la opción del Apruebo, mediante una participación efectiva, transversal  en espacios reales y con procesos vinculantes para aportar con una reflexión colectiva.

Consecuente con ello es que el llamado a la paz social no puede construirse, ni en los escritorios de las élites, ni en base sólo a declaraciones de buenos intereses sino, con la participación de una base social que vive las angustias de las inequidades y los abusos.

La significación de un verdadero Acuerdo Nacional dice relación con el consenso fruto de un diálogo que recomponga la confianza perdida en las instituciones, producto de las expectativas creadas y no cumplidas.

Asumimos la responsabilidad de hacer las tareas por el cambio de las estructuras del sistema implementado por la fuerza, en la Constitución de 1980.

Tenemos la convicción que la violencia la erradicaremos cuando la agenda social se haga efectiva y perceptible en nuestros hogares, manejamos el arte de la deliberación colectiva, la capacidad para establecer diálogos y espacios de autocuidado colectivo, que se constituyen en un aporte a la buena política y herramienta necesaria para la participación.

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