Notas sobre el reventón de Chile




Parte 2.

  1. Cambio de gabinete. Retomo donde lo dejé. O un poco antes. Fontaine y Larraín han dejado de ser ministros. Han mordido el polvo de la derrota política dos ministros del ADN de la elite chilena con raíces en la “aristocracia castellano – vasca” colonial. Pero no ha sido suficiente. Es más, el cambio de gabinete ha sido mayoritariamente rechazado, con la excepción de la ministra Rubilar. Pero ¿qué tanto puede hacer una voz conciliadora en una estrategia bélica? De a poco Rubilar se ha ido adaptando a la actitud belicista del gobierno, pero no del todo.
  2. Menos fiesta, más violencia. Luego de la marcha más grande de Chile y del contagio neoyorquino de la protesta chilena, han venido jornadas más cruentas, en donde la expresividad (que no ha terminado) ha sido reemplazada por la violencia (¿otra expresividad?), la ira y el descontrol. Aunque curiosamente entre los actores del descontrol se encuentra en un lugar destacado el gobierno qué debiera ser el llamado a sostener un cierto orden. Las violaciones a los derechos humanos que todos reconocen han existido se discute si son sistemáticas o no. Pero solo las lesiones oculares ya le dan el carácter de tal. Los disparos a los ojos y al cuerpo de manifestantes se han anotado en los episodios de violencia más característicos y despiadados de estas manifestaciones.
  3. Protesta Episodio uno. Una primera etapa de la protesta fue desde las evasiones hasta el 18 de octubre. Se generó un caos en el metro a raíz del alza de pasaje y el gobierno reaccionó cerrando las puertas del metro. El ejecutivo no se dio cuenta siquiera de que a los evasores los aplaudían e incluso, poco después, a quienes destruían los accesos del metro. Las personas agolpadas en las puertas de los metros o, una vez cerradas varias estaciones, las largas filas caminando por las calles en las tardes del jueves 17 y viernes 18 preludiaron lo que vendría. Esta etapa está caracterizada por la acción estudiantil principalmente. La reacción temprana desde el poder fue que había que levantarse más temprano y que el movimiento no tenía apoyo en la
  1. Protesta episodio dos. Una segunda etapa va desde el 18 de octubre hasta “la marcha más grande de Chile” desarrollada el viernes 25. Ante el asombro de todos, un millón 200 mil personas coparon la alameda capitalina, mientras en distintas ciudades del país se repetía la escena ese mismo día o los posteriores. Ya no era el metro, eran “los 30 años”. Esta etapa fue de contrastes, mientras se multiplicaban los saqueos e incendios y se instalaba la pregunta acerca de ¿Quién quemó el metro?, la protesta pacífica se tomaba plazas y ciudades.
  2. Protesta episodio tres. Una tercera etapa va desde el fin del toque de queda hasta la huelga general del 12 de noviembre. Esta etapa es menos fiesta y más rabia. Más violencia. Con un gobierno qué no sale de su lógica inicial. La protesta gana en extensión. Se protesta en todas partes. Y se destruye. Y la pregunta por quién destruye es necesario contestarla.

Desde cierta izquierda se recurre a la vieja categoría del lumpen, que en sí dice poco y nada. Esta categoría es la sombra del proletariado en el marxismo clásico. Se recurre al concepto de lumpen cuando se requiere calificar acciones de un grupo o una masa que parece no tener control, ni dirección, actuando desorganizadamente, desde la ira, desde lo instintivo, desde la fragmentación. Es decir, grupos al margen del estado, del orden e incluso de la clase social. Esta categoría ha sido un problema para la izquierda y lo sigue siendo. Se recurre a ella cuando la explicación no alcanza. Desde la derecha, lo que predomina es el miedo al descontrol. Eso produce una adjetivación más profusa, hay más fantasmas: vándalos, delincuentes, violentistas, terroristas. Es decir, a todo lo que se puede echar mano para demarcar lo político en la distinción Schmittiana entre amigo/enemigo.

  1. ¿Lumpen o joker? Análisis más empíricos como los realizados por la unidad de análisis criminal de la fiscalía oriente nos informan que los detenidos por los saqueos son en su mayoría (hasta hace una semana al menos) personas sin antecedentes penales y la TV muestra que algunos detenidos viven en condominios y con auto del año recién pasado, mientras que otros responden a patrones más clásicos al ser sorprendidos con droga para comercializar. Estos, al menos no parecen ser lumpen. Aunque la confusa categoría de lumpen parece ser asociada a la clase, como decíamos, aunque de modo más fragmentado y difuso. En cambio, el joker estaría más en la distinción qué caracteriza la protesta chilena: elites versus ciudadanos o trabajadores.
  2. Emoción y protesta. Lo que ha predominado en cada etapa es la emoción como recurrencia discursiva. El uso de metáforas en la comunicación es tan antiguo como el lenguaje humano, pero pareciera que esta nueva discursividad “emotiva” tiene como objetivo proporcionar imágenes que modelen discursos y comportamientos de grandes grupos humanos. Esto, a través de la viralización sin fin y la potencia amplificadora de representaciones que es la televisión. Al verse replicada la multitud en miles de imágenes en “selfies”, en la propagación de fuego y banderas, en la iconización del “perro matapacos”, en los laser en plaza Italia, en “la marcha más grande de Chile”, pareciera que la descarga del goce era infinita. Dentro de esas imágenes parecen predominar emociones como el miedo y la esperanza.
  3. El miedo. En la historia humana, el miedo se yergue como un fenómeno aparentemente incontrolable. Es por lo que algunos señalan que en momentos de incertidumbre y angustia colectiva la figura mítica del Leviatán hobbesiano parece adquirir todo sentido. En esos episodios, se instala un ambiente de temor que se asemeja a un retorno al estado de naturaleza que Hobbes describió como “la guerra de todos contra todos”. Las imágenes del día 12 de noviembre o del lunes 28 de octubre en la noche reflejaban algo como la vuelta a ese mundo. El sujeto, en estos casos, pareciera empujado por una fuerza externa que, aun sin presentarse en su materialidad sí lo hace en su imaginación, orientando decisiones en lo individual o grupal y estrategias de poder en el campo político. En estos episodios, la subjetivación se produciría bajo el efecto de relaciones externas, autores como Robin ahondan en este fenómeno. Otras autoras como Ahmed piensan que el miedo “encoge” las posibilidades de despliegue del sujeto, restringiendo y limitando su campo de esperanza ¿sucede eso en los chalecos amarillos y en la clase política?
  4. La esperanza. Hay más esperanza. Si la protesta no ha mermado su masividad y diversidad, pese a la violencia, es porque cuenta con apoyo mayoritario en la población, aun entre quienes no van a la calle. Parte de este apoyo lo recogen encuestas y estudios o se puede ver en televisión. Por ello, quienes quisieron, no pudieron articular a los chalecos amarillos de la primera etapa de la protesta, ya que se mostraban favorables a los contenidos de esta. Los chalecos amarillos de la tercera etapa han sido pocos aun y en barrios acomodados, no generando gran adhesión, aún.
  5. La esperanza en la política. En medio de estas tensiones y emociones a la política, situada la mayor parte del tiempo en el campo de la razón, le cuesta lidiar con el campo emocional. Existe asombro por las formas que la protesta adquiere. Aun así, se buscan salidas, como un plebiscito que canalice el entusiasmo por participar ¿hay verdaderamente entusiasmo por participar en decisiones políticas?

En medio de todo, los alcaldes y alcaldesas, se han levantado, con mayor legitimidad que otros actores buscando un dialogo, y han recurrido en primer lugar a la academia y al mundo social. Conscientes por su experiencia y cercanía con las comunidades, los ediles han jugado un rol esperanzador. ¿Son liderazgos más horizontales? ¿Es que la democracia a construir debe hacerlo preferentemente desde el territorio?

  1. ¿Qué le queda a la política?

Persistir.

A la supresión de la política sigue el vacío y la violencia. A ello sigue la apropiación del poder por el más fuerte, o el más sagaz, o el “tribuno del pueblo”, y sobre eso hay demasiada historia y muchos malos desenlaces.

 

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