Notas sobre el reventón de Chile




La crisis de conducción política de los gobiernos (Piñera I, Bachelet II y el actual) y de representación de los partidos políticos es ya antigua. Atrapado el conjunto del sistema político entre la razón de estado, la disciplina social y la protesta twittera no vio venir el reventón social.

Y claro, es obvio, pero cada cual intenta llevar esa agua a su molino. Hay quienes ven en esto, con nostalgia sesentera, algo parecido a un estado pre revolucionario en que la consciencia popular ha despertado de su larga alienación. Otros, con nostalgia ochentera, salen a afirmar que esto es producto de la camisa de fuerza de la transición. No hablemos siquiera de quienes ven en esto una actualización del llamado Plan Z o una conspiración de Maduro y las fuerzas de izquierda para desestabilizar el gobierno.

Quizá los millennials, expresión vilipendiada o glamorosa según como se mire, son los más claros. Para muchos de ellos esto es más parecido a una fiesta expresiva en medio de la sociedad del cansancio. Un estallido que permite soportar la pesada carga académica que han denunciado o su entrada a la revuelta y a la política, con otro tono y nobles propósitos. Algo más parecido a La casa de papel que a la revolución cubana.

Pero no solo son millennials los que protestan. Se ha expresado por estos días una acumulación larga de energía social no canalizada. Y en todas partes: en la Plaza Ñuñoa en el tono de una protesta familiar, con mucho ciclista, con biodanza, números artísticos y comida vegana. Plaza Italia se divide entre la protesta pacífica y el enfrentamiento de los anarcos con la fuerza pública, ambas escenas para satisfacción de la tele que las muestra profusamente en dos pantallas. En Maipú y otros lugares la lucha se ha visto más combativamente clásica, recordando las protestas de los 80. La TV prefiere Santiago, pero la revuelta de octubre se extendió por todo el país. Cada localidad ha tenido su propia primavera. Es la expresividad total. Tanto que algunos teóricos señalan que, para no pocos, el hecho de la manifestación misma (concurrir a ella y expresarse) es el objetivo final de la protesta.

Y claro, también están los saqueos.

Los saqueos para la gente “bien pensante” (me incluyo) solo parece ser delincuencia. Pero hemos visto saqueos en auto (como en los días del terremoto), en camionetas, a gente que va pasando que aprovecha una oportunidad (razonamiento económico clásico), además de las llamadas “turbas” a pie. En esos saqueos hemos visto morir gente. Ha muerto gente anónima en saqueos e incendios. Es por lo que es tan cruel que el gobierno ni siquiera mencione sus nombres. Habrá que analizar más profundamente la sombra de la protesta en ese fenómeno. Ahí, me sospecho, podrá haber claves más profundas para entender esto.

Ante esta complejidad, los actores políticos y sociales han quedado con poco margen de acción. Se ha visto a una coalición salir y devolverse al congreso presa de sus contradicciones vitales. A partidos que ante su división interna prefieren quedarse 1, 2, 3 momia. Y a otras fuerzas, atrapadas en un análisis de cuño concertacionista, creyendo que esa es la solución definitiva. Por lo que dicen las encuestas nadie ha salido bien parado de esto. Como yo participo de la política (tradicional más encima) podría decir que no se avizora solución al problema de fondo, si es que hubiese fondo.

Respecto a los actores de oposición, el FA, qué parece tener en la masa de manifestantes una legitimidad mayor qué los partidos llamados tradicionales, no se atrevió a liderar, aunque fuese de forma parcial, ese proceso. Si RD, especialmente ese partido, hubiese ido a La Moneda, dentro del Palacio eso sí (porque Jackson dice que fueron a entregar un petitorio, imagino que a la oficina de partes), podría haberle dicho al país lo que pensaba y lo que se proponía hacer. Pero, inexplicablemente renunció a esa tribuna.

En el caso de la nueva mayoría, la ex, o ex concertación, ha estado demasiado desarmada y dividida como para intentar algo. Se enfrenta a algo como la silbatina a los árbitros apenas saltan a la cancha. Pero no todos son hinchas y el vacío de liderazgo se va a llenar igual.

Todos estos días Kast ha estado al aguaite, enviando audios, intentando en redes con su ejército de bots, ahora convoca una marcha. También Ossandón en un tono más callejero. Ninguno de los dos ha cuajado del todo y el senador por Puente Alto ha tenido más éxito que su colega hasta ahora. Pero lo más llamativo son los “chalecos amarillos” y algunos militares gritando ceachei a la masa de manifestantes, la que responde. Ante la ausencia de lideres nacionales hay lideres situacionales.

Si solo fuese la economía, con el paquete de medidas de Piñera debió aplacarse la protesta. Pero no, se intensificó. Y pese a su confianza, en los dogmas “científicos” de la economía, Fontaine ha debido pedir excusas públicas. También, a medias, el ministro de Hacienda. Las soluciones de siempre parecen no importar mucho. ¿Por dónde reconducir? ¿Qué hacer?

¿Se terminará esto tan súbitamente cómo empezó? ¿O el remedio será peor que la enfermedad? Hay antecedentes de ambas situaciones, tanto en las “revoluciones de colores” como en la llamada “Primavera Árabe”.

Y paradojalmente, uno de los ruidos de fondo, es un reclamo de la presencia de la política. Algunos dicen que “una mejor política”, qué “otra política”, que una “nueva política” pero política, al fin y al cabo.

Se acabará la revuelta. Se deberá investigar a fondo las graves violaciones a los derechos humanos que han ocurrido. En un país en que el trauma de la dictadura sigue presente. Y se deberá trabajar por más igualdad social, como apuradamente se hace por estos días. Pero es necesario que la política retorne de algún modo, la nueva o la vieja, o ambas. Y esto, más allá de la rebaja de dieta o los mea culpa. La política tiene el deber de conducir, articular y, sobre todo, representar y no lo ha hecho por largo tiempo. Chile cambió, la política debe hacerlo. Complejizando el análisis, saliendo de la zona de confort de las redes sociales o la política parlamentaria, yendo cara a cara con el pueblo, la gente, la ciudadanía, las audiencias, o como se llame el campo donde están los que importan, los que se han hecho sentir con gran fuerza.

Síguenos