Nuestra Dignidad




Cada uno expresa su rabia según aprendió hacerlo. Puede ser gritando, golpeando, discutiendo, dialogando, llorando, apartándose o escribiendo. Existen múltiples posibilidades.

Cuando has vivido en un contexto de permanentes faltas respeto, donde para el otro “no significas” y no te reconocen como un ser valorable por el hecho de existir, entonces la rabia se puede volver hasta contra uno mismo.

Si un Estado te esconde, te deja en la periferia donde no te veas porque no eres todo lo mejor que se espera de una sociedad, no eres parte del país. No existe sentido de pertenencia y eso se vuelve en contra del discriminador (a).

Eso estamos viviendo, toda la invisibilización del pueblo que se manifiesta y lo hace de la forma que aprendió hacerlo, algunos cantan, otros caminan, gritan, dialogan, escriben y también están los que destruyen aquello que no sienten propio o que se los han arrebatado.

Expresar y no ser atendidos, no ser escuchados, es un acto violento, aprender a vivir sobreviviendo, no es digno.

Entonces ¿Qué es la dignidad? Aunque muchos la pronuncien, finalmente no sabemos lo que significa, lo que implica llevarla a la vida misma. La dignidad, dicen es lo último que perdemos. Este sistema social lleno de eufemismos y liviandad, sin sustancia en sus discursos, nos ha hecho olvidar su significado.

Dignidad es un derecho humano intangible, inviolable, es el amor a uno mismo como ser, como persona. Dice relación con la libertad de todo ser humano para elegir, amarse a sí mismo.

Pero en un sistema industrializado, lo que tiene valor es ” la masa”, el valor de ser una persona se diluye, se pierde. Si te enfermas eres débil, si lloras eres sensible y te hace vulnerable, si piensas y dice lo que piensas, eres conflictivo, si creas eres peligroso.

No somos más que un engranaje que hace funcionar un “algo” que no vemos, pues no nos está permitido ser partícipes, ese “algo” es solo para los privilegiados. Nosotros “no vemos la Catedral, solo vemos la piedra”.

La vida misma tomó su curso, la vida humana quiere ser y vivir de otra forma. Ni siquiera somos tan conscientes de lo que necesitamos, no son solo los medios para resolver las necesidades. Lo que, al parecer buscamos, con profunda intensidad es otra humanidad, porque la que tenemos nos cansó, está agotada.

Queremos una vida, en la que podamos existir, en el extenso sentido de la palabra, en la que podamos co-crear y no solo reproducir lo que nos digan. La revolución industrial no dejó marcados como piezas de una máquina, y aunque parezca una comparación antigua, aún vive en nuestro inconsciente colectivo esa idea primitiva, replicándola una y otra vez.

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