Octubre y las personas mayores




Octubre es el mes de las personas mayores. A nivel mundial y en Chile, el 1 de octubre es el día nacional e internacional de los adultos mayores, impulsado por la ONU con el objetivo de visibilizar la vejez como etapa de la vida, el envejecimiento poblacional como fenómeno, la promoción de los derechos humanos de las personas mayores, y la toma de conciencia sobre las condiciones que afectan la vida de las personas en el marco del aumento de la esperanza de vida para la sociedad en su conjunto.

El abordaje mundial de la temática constituye uno de los desafíos propios de la sociedad moderna, que asiste a un momento único de la humanidad, en el que la vida de las personas enfrenta consecuencias insospechadas producto del avance en ciencia y tecnología que permite vivir más, pero en condiciones relativas de seguridad social, según los resguardos que cada Estado tiene respecto a sus ciudadanos. En este sentido,  América Latina en relación a Europa, enfrenta con desventaja la vejez y envejecimiento, en un marco de crecimiento poblacional caracterizado por la disminución de la natalidad y mortalidad y el aumento de la esperanza de vida al nacer, se trata de un proceso inorgánico que deja a Chile como segundo país más envejecido después de Uruguay, alcanzando un porcentaje de 17,5% según Casen 2015, lo que representa en números  absolutos más de 3 millones de personas mayores de 60 años.

Desde el análisis local, Chile es un país cuya representación geográfica es diversa en territorio, cultura y formas de envejecer, lo que plantea el desafío de enfrentar una composición socio cultural diversa, interpretación que construye paradigmas propios. Por otra parte, la dependencia demográfica en regiones como la Araucanía, Valparaíso, Los Ríos, Aysén, Coquimbo, Arica y Parinacota, entre otros, alcanza índices superiores a 60, lo que implica una relación desafiante entre edades, potencialmente dependiente, respecto de la población en edades activas (comprendida entre 15 y 59 años).

Las consecuencias de un envejecimiento acelerado dan cuenta del aumento en la proporción de personas mayores cuyos niveles de satisfacción son relativos a la forma de convivencia con otras generaciones, la satisfacción de nuevas necesidades, las expectativas sobre la vejez, la concepción social del envejecimiento y la toma de conciencia sobre la dignidad humana durante todo el ciclo de vida.

Comparado al proceso en Europa, se observan diferencias notables, entre las cuales se puede mencionar la extensión temporal y las condiciones para enfrentar el fenómeno. Europa envejeció en 200 años, mientras Chile envejeció en menos de 50, evidentemente en condiciones económicas, de protección y desarrollo humanos muy distintas. Tal vez este sea uno de los puntos cuya contradicción desnuda el anhelo de todo ser humano a vivir dignamente versus la realidad objetiva de escenarios de protección y apoyo insuficientes, cuya satisfacción no se constata en quienes viven la vejez y quienes son testigos conscientes. No es un hecho referido solo a la edad de las personas, pues engloba temas de larga discusión como las pensiones, que en el caso de Chile amerita un análisis propio, pues resulta inexplicable el modelo de capitalización en la vida de millones de personas, y por otra parte, el contexto referido a la implementación de sistemas de cuidados frente al legitimo temor a la dependencia.

La sensación de necesidades instaladas en el proceso de envejecimiento sin respuestas trae como consecuencia un llamado urgente a la generación de sistemas de cuidado para las personas mayores frente a las vulnerabilidades de la vejez. Los avance en materia de políticas públicas en nuestro país, son notables en América Latina, pero insuficientes y precarios dado el crecimiento acelerado del proceso en la  población, sumada a la escasa percepción del desafío por parte de la sociedad, que mas allá de las pirámides y números, instala a un grupo considerable de adultos mayores en la  incertidumbre de logros que no alcanzan, pues la complejidad de la etapa condiciona de forma diferenciada la vida de las personas e invita a revisar urgentemente las medidas adoptadas, y el interés de actores administradores del Estado por  generar condiciones de mayor  atención, protección y apoyo frente a la dependencia. A medida que aumentan las cohortes poblacionales mayores a 80 años, aumenta el escenario de discapacidad y dependencia.

Por otra parte, el 85% de las personas mayores en Chile es autovalente, condición que motiva a desarrollar estrategias para mantener sus capacidades funcionales el mayor tiempo posible, dado que el aumento en la esperanza de vida al nacer es un proceso complejo que implica abordar el deterioro físico y emocional para disminuir la dependencia con acciones planificadas en el marco de las características del fenómeno.

¡Octubre, mes de las personas mayores! Un tiempo para sensibilizar y tomar conciencia sobre nuestra propia vejez, promover derechos como propios de todo ser humano (independiente de la edad), un espacio de reflexión con otras generaciones, un tiempo de evaluación de programas y oportunidades promovidas por la institucionalidad, la reflexión, más allá de la merecida celebración por la vida.

Esperemos que este mes, no solo trate festejos públicos, sino además la acción concreta que permita a las personas mayores, vivir mejor, entre llamados urgentes de mejores pensiones, no olvidar avanzar en sistemas de cuidado que protejan la vejez de las personas, previo a encontrarnos frente a frente con la vulnerabilidad que implica: disminución de fuerza física, disminución de ingresos, pérdida de redes de apoyo y necesidad de protección. El ciclo de la vida ganó años y es urgente visualizar y exigir mejor calidad de vida.

La vejez, antes de ser considerada un logro, debe referir sistemas de apoyo, protección y calidad de vida a los sujetos que la viven, así como niveles de satisfacción y protección frente las incertidumbres en una etapa larga de la vida para la que no fuimos preparados.  A medida que avanzamos en el proceso, es necesario asumir nuevos desafíos, acciones distintas y promover el respeto a la dignidad humana en todas las edades. Es tiempo de comprender la vejez como un fenómeno propio; desde lo personal, institucional, familiar, social y referencial.

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