Pandemia a escala humana




Crítica al centralismo y la verticalidad del abordaje del problema

La pandemia del COVID 19 en Chile dejó al desnudo una serie de cuestiones que ya sabíamos, que fueron puestas en relieve aquel 18 de octubre en adelante y que, como muchos dolores de chilenas y chilenos, se encontraban invisibilizados en una especie de exitismo cómplice. Pero peor aún la reacción para enfrentarla no pudo ser otra más que la misma que viene reproduciéndose hace ya 129 años. El centralismo, la homogeneidad, incluso la ceguera de no utilizar nuestra propia institucionalidad y capacidad territorial. No querer ver desde abajo hacia arriba y de manera mucho más horizontal y colaborativa la respuesta estratégica en el abordaje y resolución de la crisis.

Por el contrario, se establece un puesto de mando centralizado, que niega información, que conduce el lenguaje y con ello controla el poder buscando a toda costa quedarse con el supuesto rédito que significa avanzar un paso adelante, pero con el enorme costo de los desaciertos, los fracasos y la muerte. Creo que no sólo ha sido una cuestión de calculadora electoral, sino una racionalidad, un paradigma instalado en las élites del centralismo que no son privativas de un sector político, son más bien usos, prácticas, hábitos de producir y reproducir acciones. Esa firme creencia de que somos una “nación homogénea”. Que todos bailamos cueca y comemos empanadas. Esa firme convicción nos ha llevado a desconocer la enorme diversidad de Chile, sus diferencias geográficas, culturales e identitarias. Así las cosas, terminamos donde estamos, dando cuenta que todas las advertencias hechas por los expertos en salud se están cumpliendo, frente a un gobierno que no logró leer a tiempo la realidad que nos golpea en la cara.

El reclamo por la coordinación y el intercambio de información entre Gobierno y Municipios ha sido tema de opinión pública durante largo rato. Haber despreciado la Atención Primaria en Salud durante meses para llegar apropiadamente a los rincones de cada comuna, de cada pueblo del país, recogiendo adecuadamente la temperatura sanitaria, social y económica de los territorios, nos ha costado muy caro. Ahora en un claro retroceso de aquella primera estrategia fallida, se corre a la red de atención primaria para intentar salvar de alguna forma una situación desesperada.

Pero ojo que hay algo que no se ha dicho. Tampoco parece que los Municipios hayan respondido de mejor manera. Evidentemente los alcaldes del país aparecen mejor evaluados porque tienen un diagnóstico mucho más cercano a lo que ocurre en las ciudades y sus diferencias, han sido audaces portavoces de aquello y la prensa pone su atención porque en definitiva el conflicto vende y que mejor que alcaldes contra el Gobierno. Pero ciertamente la repuesta de los Municipios también ha sido jerárquica y vertical, una oportunidad para el asistencialismo en vez de la cooperación. Los ciudadanos son vistos como pacientes, como objeto de ayuda, y no como colaboradores activos en un proceso que más que nunca requiere ciudadanía activa. Las personas son tratadas como receptores, como simple gente que necesita de la ayuda del Estado en cualquiera de sus formas, pero que no ven a esas personas como sujetos, como agentes de cambio, de acción de que ellas y ellos también pueden ser parte de la solución. Por eso hemos fracasado. Porque obviamos la fortaleza más grande de un país: su pueblo.

Si dudan en este instante de lo que les digo, entonces piensen en todas aquellas veces que Chile y sus ciudades rurales o urbanas han recurrido a su pueblo para enfrentar juntos un problema. Las campañas solidarias o incluso las elecciones, donde no importa la edad o el lugar, las personas llegan temprano a cumplir con su deber. La izquierda y la derecha han olvidado el valor de las personas como constructores del presente. Las élites a toda escala operan desde la verticalidad, una que ya no funciona ni responde de manera eficiente frente a los problemas. Hay ciertamente más organización en un grupo de WhatsApp que en una reunión de junta vecinal. Debemos cambiar el paradigma y abordar la pandemia con los ojos del siglo XXI, debemos afrontar la crisis a escala humana.

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