Pandemia Covid19




Algunos creen que tuvimos 3 meses para prepararnos, pero en realidad hace 13 años sabíamos que esto pasaría.

Hace 13 años ya existía evidencia de que una pandemia como la del Covid19 pasaría; entonces, ¿Qué fue lo que pasó?. Pasó lo mismo que en todas las películas de ciencia ficción: las autoridades no escucharon a los científicos.

La historia de los coronavirus altamente contagiosos partió con el síndrome respiratorio agudo severo (SARS por sus siglas en inglés). El SARS apareció por primera vez a fines del 2002 en la ciudad de Cantón (China), propagándose rápidamente por viajes tanto aéreos como terrestres de personas infectadas. La tasa promedio de mortalidad global de esta enfermedad fue de un 13%, siendo la primera gran pandemia del nuevo milenio (hasta ahora). La OMS clasificó al SARS como un tipo de coronavirus nuevo, desconocido con anterioridad por los seres humanos, de ahí el nombre de este virus fue SARS-CoV.

La naturaleza explosiva de la primera epidemia de SARS, la alta mortalidad, su resurgimiento transitorio un año después y las interrupciones económicas llevaron a una gran cantidad de investigaciones del virus y la enfermedad. Esta investigación dio como resultado más de 4.000 publicaciones en los primeros 5 años, con importantes hallazgos; uno de ellos que los murciélagos de herradura son el reservorio natural del virus similar al SARS-CoV y que las civetas son el anfitrión de la amplificación. Ambos hallazgos el año 2007 destacaban la importancia de la vida silvestre y la bioseguridad en las granjas y mercados chinos; ya que en ese entonces los científicos Vincent Cheng, Susanna Lau, Patrick Woo y Kwok Yung Yuen (todos de la Universidad de Hong Kong), levantaron las alarmas de que estas granjas y mercados, podrían servir como fuente y centros de amplificación para graves infecciones emergentes en el futuro, especialmente por la cultura de comer estos animales exóticos (Cheng y cols. 2007. Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus as an Agent of Emerging and Reemerging Infection. Clinical Mircrobiology Reviews, 660–694).

Justamente en uno de estos lugares en la ciudad de Wuhan fue que apareció el virus SARS-CoV2, el causante de la enfermedad Covid-19. Como se habrán dado cuenta, el SARS-CoV y SARS-CoV2 no es un alcance de nombres.

 

¿Porqué este virus aparecería en un mercado en Wuhan?

Las razones de que esto pasara, radica en que estos animales se encuentran hacinados con pobres o nulas medidas de bioseguridad, favoreciendo la alta replicación de estos virus, y su posible transmisión a otras especies como los seres humanos. Varias publicaciones mencionan este tema, incluso antes del año 2007. Dos grupos de investigación: Lau y colaboradores y Li y colaboradores plantearon el año 2005 que virus de este tipo se encontraban en los murciélagos de herradura, y ese mismo año Wang y colaboradores hablan sobre el riesgo de la civetas como vector para este tipo de virus y su propagación a través de los alimentos en la población.

La conclusión el 2007 del grupo de la Universidad de Hong Kong era obvia: si no se cambian las medidas de bioseguridad de estas granjas y mercados, tarde o temprano tendremos un virus similar al SARS-CoV que tenga iguales o peores consecuencias, ya que este tipo de lugares son una “bomba de tiempo”. Con esta información me atrevería a decir que si se hubieran elevado los estándares de bioseguridad de estos mercados, es posible que esta pandemia nunca hubiera existido.

 

¿La experiencia del SARS sirvió para algo?

A pesar de que ni los gobiernos, ni los sistemas de salud le hicieron caso a la investigación de Vincent Cheng el 2007, hubo un grupo que si se preparó para una pandemia: los científicos. El conocimiento levantado después del SARS fue de enorme importancia para estar mas preparados hoy contra el Covid-19, ya que hay bastante información sobre este tipo de virus, sus reservorios, tipo de enfermedad que producen y un largo etc.

Todo este conocimiento fue clave para dar rápidamente con la fuente de esta pandemia y para tener conocimiento básico que permitiera tener un camino avanzado para la ahora tan ansiada vacuna. A pesar de que aún no tenemos ni vacuna ni tratamiento para el Covid-19, es esperable que esté a disposición en el mediano plazo, en tiempos mucho mas cortos que si el SARS no hubiese existido. No es casualidad que en menos de tres meses tengamos mas de 20 prospectos de vacunas en investigación alrededor del mundo, siendo incluso una de ellas de origen chileno.

En Chile tenemos actualmente al menos 5 iniciativas de origen científico, que buscan aportar en la lucha contra el Covid19. La Universidad Católica se encuentra investigando una vacuna, la Universidad de Concepción se encuentra investigando un tratamiento profiláctico (o sea que busca disminuir el contagio),  la Universidad SEK en conjunto con el Liceo Técnico Profesional de Colchane está produciendo un desinfectante con plantas locales del norte de Chile, los emprendedores de Copper3D Inc. crearon una mascarilla antiviral mediante impresión 3D, mientras que los emprendedores de Natural Nanotechnology Systems están desarrollando un aditivo impermeabilizante para pinturas, llamado Rhino, con propiedades antimicrobianas y actividad específica contra este tipo de virus.

 

¿Qué hicimos mal?

Actualmente estamos viviendo la mayor pandemia de este milenio. Esto lleva a que estemos viviendo un experimento en tiempo real, donde estamos testeando diferentes políticas publicas que pueden servir para aminorar, exacerbar o no tener ningún impacto en la tasa de contagio y mortalidad de esta patología. Lo peor de esta situación es que si ya sabíamos que esto podía ocurrir y no hicimos nada para evitarlo, al menos podríamos haber hecho algo para prepararnos mejor y tener un plan de acción en caso de que esto ocurriera; pero como ya saben no fue así. No será la primera vez; la globalización lleva a que cada vez estemos mas expuestos a una rápida propagación de enfermedades.

Llegó el momento que no sólo los científicos, sino que también los tomadores de decisiones, se actualicen y vigilen los posibles focos de emergencias sanitarias, sociales, económicas y políticas. Tomar conciencia de estos focos y llevar a cabo estudios prospectivos, permite hacer estrategias que minimicen las devastadoras consecuencias de eventos de este tipo. Hoy la falta de preparación ha cobrado la vida de más de 16.000 personas en 184 países.  Lo peor es que creo que los tomadores de decisión a nivel mundial todavía no lo entienden: no hay que contar las noticias, hay que descontarlas.

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