¡Pasamos Agosto!




La consigna que revela la relación entre las personas; sus desafíos en  salud, el curso imborrable del  tiempo, el miedo a morir y una seudo reconciliación con la vida a partir de la celebración publica. Alegría que se refleja en fiesta, globos y bailes de personas mayores y que  contemplamos con simpatía. Como no, si en los municipios y espacios de encuentros, se promueve la participación y convivencia  bajo el slogan “Pasamos Agosto”, señal de que el invierno no fue tan malo, que nuestro cuerpo puede contar un nuevo año y que tememos primavera por delante.

Así se movilizan miles de personas mayores a fin de mes, en una cruzada por la vida con inspiración a la conocida fiesta de la primavera, rememorando juventudes pasadas y cambios de enfoques sobre qué celebramos, pues bien, la mayoría celebra la vida  disfrazada de agosto en sus desafíos, con ribetes de septiembre en sus esperanzas.

¿Pero que significa agosto? El mes de la solidaridad, tiempos de invierno, tiempos de frio, mes de los gatos, cambios de clima, mes de la juventud y primera parte del año finalizado.  Con todo, el desafío de cada contexto es la representación de lo difícil que es ser viejo en Chile, además la representación simbólica de superar una y otra vez las vulnerabilidades de la vida. Agosto, es una especie de tránsito, una forma de tener conciencia sobre la fragilidad de la vida, sin caer en la locura del temor a la muerte o temor a vivir, asumiendo el protagonismo de la distancia entre las dos realidades, aportando a la comprensión de las significaciones diversas en la vida.

En un país tan diverso geográficamente, el clima pasa a ser una evidencia en el sur de Chile y una remembranza en otros territorios donde el cambio climático hace sus primeras modificaciones y el invierno sorprende, se vuelve más corto. Pero también, la constatación de que el invierno se enfrenta, hay más de mil formas de pasar un invierno y no me refiero precisamente a la compañía de una pareja, sino al hecho impostergable de que todas las personas tenemos inviernos en la vida.

Así es agosto, pocas evidencias, solo la vida como un conjunto de experiencias administradas cuidadosamente por quienes la protagonizamos, como páginas de historias construidas, esperando su edición, la que año a año se despliega entre la inestabilidad de la salud, las bajas pensiones, la invisibilidad social, el exagerado mercado, la venta de  servicios funerarios, el temor a la dependencia, los amigos del barrio,  el grupo de mayores, los bailes de sábados, los domingos en familia, la opinión de facebook y toda esas cosas interminables que vivimos día a día para pedir auxilio o gritar que estamos bien. Agosto es el tiempo de espera, una forma de  mostrar  fuerza contra los malos augurios y los inevitables riesgos de invierno, fortaleza en tiempos modernos,  recorrer la memoria una  y otra vez, mientras la vida vuelve a florecer con la esperada primavera.

La vejez en agosto busca visualizar la vida a costa de superar los miedos, celebrar la vida y compartir con los pares, mientras las otras edades observan el paso del tiempo en aquellos extraños sujetos denominados viejos, bajo el amparo de una juventud temporal y una soberbia que desatas sus miedos al final de los tiempos.

La compañía, los amigos, los encuentros son claves para convivir  desde lo humano, lo simple y las cosas buenas de la vida, considerando que la esencia de las motivaciones para la participación en un escenario de exclusión,  debe manifestarse en lo cotidiano, generar innovaciones sociales, adaptadas a las creencias y composición  cultural de la generación de personas mayores. Un desafío permanente para profesionales, técnicos y comprometidos con la causa de la vejez y el envejecimiento, que de alguna manera, mandata a tener en cuenta los procesos sociales, las características de la sociedad actual, los desafíos propios del envejecimiento y la responsabilidad de consolidad acciones donde el mero hecho de participar en una actividad, se transforme en el inicio de una nueva relación entre las personas mayores  y el Estado en todas sus formas.

Finalmente, con la necesidad de que agosto tenga primavera en las personas mayores, no podemos obviar las múltiples vulnerabilidades que desafían al Estado y la sociedad en general, pues junto a la alegría y el derecho a pasarlo bien, se requiere avanzar en  sistemas de apoyo para enfrentar las condiciones de pobreza, abandono, dependencia. Las campanadas de septiembre, son celebración por la vida, los abrazos son la representación del encuentro con la comunidad y lo querido, la música, el baile y la comida, son parte del “derecho a pasarlo bien”, mientras que el regreso a casa representa la reflexión sobre nuestra propia realidad, la relación con la sociedad, nuestra espiritualidad y  los desafíos inmediatos de las pensiones, cuidado, salud  y seguridad.

La metáfora es que pasamos agosto para que septiembre sea distinto. La vejez es mucho más que una justa y necesaria celebración publica, es un desafío social, cuya base de argumentación en soluciones debe reunir ejemplos locales que generen presión social, cohesión, representación, visibilidad y provocación al Estado, ya que la experiencia dice que las políticas públicas son reactivas y las corrientes sociales determinan agendas gubernamentales y legislativas  más allá de la tradicional frase, “lo comido y lo bailado, no te lo quita nadie”.

 

Síguenos