Piñera no es Macri pero…




El gobierno vive sus peores momentos. La suma de los errores ha llevado al Ejecutivo a la desesperación. No es solo la baja puntuación en encuestas –en algunas comunas del Gran Santiago apenas bordea los 10 puntos de aprobación– sino a una sucesión de errores que lo alejan incluso de sus bases de sustentación más duras. Esto le ha sucedido, por ejemplo, en el proyecto de las 40 horas, donde en vez de defender con convicción dimensiones asociadas a ese sector, como la productividad y el crecimiento, se trabó en un “toma y daca” incomprensible con la oposición. Incomprensible sobre todo para el empresariado.

Contrariamente a lo que se piensa, la división en la oposición le ha hecho más difícil el trabajo al gobierno. En efecto, debido a que termina moviéndose entre varios frentes y no logra resolver los problemas. Los ministros Chadwick y Larraín cada cierto tiempo le guiñan el ojo a la exNueva Mayoría, especialmente a la DC, generando una confusión mayor en sus propias filas. Por su parte, el ministro Blumel se ha hecho “el simpático” con el Frente Amplio sin lograr prácticamente nada. Se coronan estos movimientos con una “ofensiva” hacia el mayor partido de la oposición: el PS, que, luego de la incomodidad inicial, logra una solidaridad tácita o explicita de los otros partidos y además el resultado en las encuestas para el gobierno es en contra.

El clima descrito está generando gran inquietud en las filas de Chile Vamos. Se sabe desde los gobiernos anteriores que el mal estado de una administración central, tarde o temprano, termina arrastrando a los candidatos oficialistas.

Esto sucede a casi un año de que empiece un nuevo ciclo electoral y puede terminar contaminando incluso a Joaquín Lavín que mientras esté tranquilo en su “zona de confort” de Las Condes no será afectado. Sin embargo, habrá que verlo cuando se asome a la arena electoral y haya “poca agua en la piscina” y adversarios múltiples con los cuales contender.

Contra esto, lo que se dice es que mientras la oposición siga en el Estado actual el oficialismo no tiene que preocuparse. Eso también es un error. A la oposición la ordenará el ciclo electoral para bien o para mal. Pero si las cifras del gobierno siguen empeorando esto puede terminar para la derecha en un desplome a la Argentina con Kast y el Frente Amplio disputando el descontento mientras los partidos de la ex Nueva Mayoría aún tienen – juntos – una base electoral y militante sólido que le permitirá sostener resultados en muchas comunas del país.

Quizá la mayor lección de los dos últimos gobiernos es que han terminado siendo prisioneros de las expectativas que crearon. En el caso de Bachelet II, de la idea inicial de “toda la carne a la parrilla” parte de la cual sabemos terminó chamuscada. En el caso de Piñera II, de la idea de retomar la política de los “consensos” que, con una oposición dividida nunca tuvo fondo posible. Y ahí se acabó todo el relato. Pero aunque Bachelet II culminó mal sí pudo aprobar varios proyectos emblemáticos en el congreso, en cambio el gobierno actual no ve en el horizonte triunfos para exhibir. Ni en la economía, ni en la seguridad: sus dos promesas más queridas

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