Pirotecnia y Representatividad de la Comunidad LGBTI




El miércoles 3 de julio pasado un grupo de parlamentarios, en su mayoría asociados a la centroizquierda e izquierda, lanzaron la llamada bancada transversal por la diversidad sexual.

La bancada fue creada con el objetivo de impulsar y apoyar proyectos de ley e iniciativas relacionados con los derechos de la comunidad LGBTIQ, tales como el proyecto de ley de ley matrimonio igualitario, la adopción homoparental, la reforma a la ley Zamudio, entre otras. En dicha ocasión, fueron invitadas organizaciones a la actividad pero solo estuvo presente Fundación Iguales y Movilh, resultando en un lanzamiento compuesto en su mayoría por hombres.

De esta forma, cabe destacar, en primer lugar, la escasa presencia de mujeres, tanto parlamentarias como activistas y representantes de la sociedad civil, y en segundo lugar, que ninguno de los/as parlamentarios/as presentes forma parte propiamente tal de la comunidad LGBTI.

En este sentido, se evidencia que la sobrerrepresentación masculina y heterosexual no solo es una materia que toca directamente a la participación política de las mujeres sino que también en torno al mismo tema y representatividad de las personas de la comunidad LGBTI. Recordemos que actualmente en cuanto a representación femenina, en el Senado equivale a un 23,2% y en la Cámara de Diputados a un 22,5%. En relación a las personas LGBTI, este porcentaje corresponde a 0%.

Si bien, esto en ningún caso significa que estas iniciativas no deban hacerse, preocupa que el fenómeno de sobrerrepresentación masculina y heterosexual se siga replicando en la política y en el ámbito de la representatividad y la participación de activistas y organizaciones. ¿Qué sucede con las mujeres trans, lesbianas y bisexuales por ejemplo? Asimismo, ¿qué están haciendo los partidos políticos para promover la participación política femenina y de las personas de la comunidad LGBTI? Ya ha sucedido en otras

ocasiones que personas de la comunidad quedan excluidas de la disputa de poder por los mismos partidos políticos.

Uno de los principales problemas al momento de abordar la temática de los derechos de las personas de la comunidad LGBTI es creer que tienen que ver exclusivamente con el matrimonio, la adopción, la no discriminación, la que he denominado en otras ocasiones una agenda formal que tiene que ver con regular la igualdad de derechos y no discriminación. Esta visión formalista impide ver las particularidades de las discriminaciones y situaciones de violencia hacia las personas LGBTI que tienen que ver con temas estructurales, de prejuicios y de desigualdad.

En concordancia con lo anterior, no sirve de mucho impulsar proyectos de ley sobre matrimonio, adopción y después olvidar que las personas LGBTI existen en discusiones tan importantes como en materia de migración, vivienda, educación, salud, trabajo, entre otras. Este fenómeno ya se ha repetido en el pasado y se observó principalmente en los movimientos por los derechos de las mujeres, particularmente en relación con la lucha y conquista por la igualdad de derechos. Hace no mucho se ha entendido que esa visión quedó completamente caducada y que es necesario incorporar un enfoque de género en la elaboración de la legislación y políticas públicas.

De similar manera, se requiere contar con un enfoque que incluya a las personas LGBTI en la elaboración de la legislación y las políticas públicas. Lamentablemente, la escasa representatividad de las personas LGBTI en las instituciones formales han ayudado a perpetuar esta invisibilización, así como lo fue en su momento la nula representatividad de mujeres en los distintos espacios. Es por esto que no solo necesitamos bancadas ni personas que hablen por nosotros/as, sino que apoyo directo en la lucha misma por la disputa del poder en los distintos espacios, partiendo por las instituciones representativas del poder popular que se materializan a través de cargos de elección popular. En este sentido, la responsabilidad directa la tienen los partidos políticos y sus directivas, para

evitar que estos anuncios sigan siendo una pirotecnia mediática con escasa representatividad y legitimidad social que corre el riesgo de instrumentalizar a las personas LGBTI.

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