Política prefigurativa socialista y Frente Amplio




El término política prefigurativa, surge del anarquismo activo, y se relaciona con la acción directa y con la ética de acción de los movimientos populares en América y en Europa en el siglo XX, en donde se reivindica la auto organización territorial.

La política prefigurativa, es un término que surge del anarquismo para hacer referencia a la acción política que desarrollan los movimientos sociales dentro de un marco estratégico enfocado a la autoorganización territorial, y que se define como un conjunto tanto de prácticas como de relaciones sociales y condiciones materiales de existencia, que en el momento presente anticipan los gérmenes de la sociedad futura, que se espera consolidar.

La idea es construir desde hoy el inicio de transformaciones sociales en los propios movimientos o fuerzas políticas que aspiran al poder político, de tal manera que adelanten la nueva sociedad socialista que se pretende instalar. La sociedad así concebida no se construye “desde el poder estatal”, no se plantea cuando esa fuerza política llega al gobierno, sino que debe “desde ahora” practicar aquella sociedad que se propone.

Lo primero que hay que aplicar para anticipar el nuevo orden, es que se instale al interior de la fuerza política una democracia radical, esto es que exista una participación activa y de calidad de todos sus militantes y participantes. Eso significa ‘una persona un voto’ en las decisiones más trascedentes, como por ejemplo elegir encargados orgánicos, encargados políticos, composición de mesas nacionales, aprobación de documentos estratégicos, definiciones tácticas, elección de cargos de elección popular, etc. Resulta muy importante que la democracia radical sea aplicada tanto en la generación de mesas directivas internas, como en la elección de los candidatos que competirán por el voto popular.

Paralelo a ello resulta indispensable que la sociedad socialista debe estar, en palabras de Gramsci, necesariamente “precedida por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de permeación de ideas a través de agregados humanos”. La base de esta relación política debe comprender un elemento esencial, que dice relación con la participación efectiva en el movimiento o fuerza política del más oprimido por el sistema. En efecto, resulta indispensable incluir abiertamente, en el territorio donde se desarrolla la política local, a la dueña de casa, al vecino, al poblador, al trabajador, al sindicalista, a las federaciones feministas e inmigrantes, al trabajador de calle, a las agrupaciones de juntas de vecinos, quienes son los que sufren en carne propia el salvajismo del sistema capitalista.

Para la consecución de lo expuesto, surge como elemento clave el concepto amplio de convergencia, entendida como la unión en un partido único de las fuerzas de izquierda fragmentadas por caudillismos o por divergencias estratégicas o tácticas, y por el poder popular compuesto por pobladores organizados.

El Frente Amplio como coalición política compuesta por partidos políticos y movimientos principalmente izquierdistas, y algunos núcleos liberales, pretende a través de la táctica de la unión electoral superar las injusticias del sistema neoliberal, y superar además la dicotomía bipartidista de la Nueva Mayoría y Chile Vamos. Para elegir al candidato del conglomerado, el frenteamplismo cumplió en parte el primero de los elementos de la política prefigurativa descritos, esto es, organizó en mayo de 2017 una consulta ciudadana por internet para elegir al presidenciable, y luego realizó primarias supervisadas por el servicio electoral, siendo elegida la candidata Beatriz Sánchez, que en la carrera presidencial obtuvo el 20,27 %, correspondiente a 1.336.161 votos a su favor.

Sin embargo, en lo que respecta al proceso de selección de candidatos y la articulación de las listas parlamentarias, el frenteamplismo se alejó del modelo político prefigurativo en sus dos modos esenciales. Dicho proceso fue llevado a cabo exclusivamente por los dirigentes de los partidos y movimientos, de manera cerrada y antidemocrática, sin responder en ningún momento a las exigencias y opiniones de las bases comunales del Frente Amplio, o a la correlación de fuerzas existentes al interior de los distritos. Lo que se hizo, fue simplemente asegurar en las cabezas de la lista a quienes eran dirigentes de los partidos y a los cercanos de los agentes negociadores. Todos los elegidos para competir en las listas parlamentarias habían sido dirigentes universitarios o eran rostros conocidos de la TV, elegidos a dedo, sin incluir dirigentes vecinales o pobladores con respaldo popular o sindical.

La mesa nacional del Frente Amplio, instalada a continuación de la elección presidencial, cuyos integrantes son los máximos representantes de las organizaciones, movimientos o partidos, y cuya función es darle conducción al bloque, también es una construcción alejada del modelo prefigurativo, que carece de toda legitimidad y, por lo tanto, de representatividad al no ser elegidos o al menos ratificados, mediante la votación un hombre un voto.

Lo mismo ocurre, y con mayor gravedad, con el recientemente creado Consejo Ejecutivo frenteamplista, cuyo objetivo es coordinar y hacerse cargo de la contingencia política semanal, y que está compuesto solo por los representantes de las organizaciones que tienen representación parlamentaria y aquellos que no tienen representación constituidos en partido político, excluyendo a gran parte de los miembros del conglomerado.

El referente político alternativo del bipartidismo que busca superar las injusticias del sistema neoliberal, que obtuvo mas del 20 % de las votaciones en la pasada elección presidencial carece de un modelo político socialista prefigurativo. Tal vez dicho modelo no es en ningún caso un referente para los partidos que no son de izquierda , pero dentro de la búsqueda del reformismo evolutivo hacia un modelo que supere el salvaje neoliberalismo, e instale un socialismo moderno, se hace necesario “desde hoy “ aplicarlo en las relaciones sociales y políticas al interior del frenteamplismo y en especial dentro de la convergencia izquierdista.

Instalar la democracia radical en los temas más importantes es el principal requisito para anticipar la sociedad que queremos, cuestión que nos diferencia radicalmente de las coaliciones que criticamos y que han gobernado los últimos 28 años de vida democrática.

La democracia sustantiva y adjetiva proclamada, debe necesariamente complementarse con la integración mecánica y participativa en las direcciones de los partidos y movimientos, del poblador militante e independiente en cada zona, macrozona o distrito, de tal manera que puedan competir en las próximas elecciones.

Se hace necesario que la mesa nacional y el consejo consultivo del Frente Amplio hagan una autocrítica al respecto, y se comprometan con toda la militancia e independientes a reflexionar con el modelo explicado. Si se pretende cambiar Chile realmente, no basta con tener un relato diferente al de la Nueva Mayoría, también debemos ser capaces de construir un gobierno y una bancada parlamentaria compuesta por personas que conozcan y vivan la realidad de la mayoría de los chilenos y chilenas, y representen sus intereses de clase en todos los ámbitos de la discusión pública.

Para ello, es importante establecer bien las prioridades, enfocarse en el trabajo territorial, construir poder popular y preparar a los compañeros integrados que están en desventaja por no contar con los mismos recursos que quienes son herederos de la política elitista, e intentan monopolizar el discurso oficial de esta naciente coalición. Debemos entender que una verdadera fuerza de cambio -que apunte a superar el modelo político y económico heredado de la dictadura- es aquella que logra interrumpir las dinámicas de reproducción de las desigualdades al interior de su propia estructura de funcionamiento.

Juan Pablo Buono-Core

Abogado

Mauricio Carrasco

Sociólogo

 

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