Que Baltazar sea el último




“Quiero que Baltazar sea el último que muere en esta circunstancia. No tapen el sol con un dedo, porque decir justicia para Baltazar es más que eso”. Esas fueron las palabras de Linda Villegas, madre del pequeño de 9 meses que falleció el pasado jueves en La Pintana, tras recibir un impacto de “bala loca” mientras dormía en su hogar.

El hecho provocó indignación y tristeza en todo el país, especialmente para quienes tenemos un hijo. Las preguntas no tardaron en llegar, aunque las respuestas todavía no las encontramos como sociedad: ¿Qué más tiene que pasar para que los gobiernos tomen las decisiones adecuadas para enfrentar la violencia? ¿Cuántos niños y niñas más tendrán que ser baleados o asesinados para que exista una reacción proporcional a tal injusticia? ¿Qué tiene que pasar para que los niños de los sectores más vulnerables del país sean, de verdad, los primeros en la fila?

La Convención Sobre los Derechos del Niño señala la “necesidad de establecer un entorno protector que defienda a los niños y niñas de la explotación, los malos tratos y la violencia”, pero claramente en Chile seguimos fallando.

El problema más grande es que solo estamos enfrentando la punta de iceberg. Cuando ocurren este tipo de tragedias, los medios de comunicación se hacen presente, los parlamentarios clamamos por justicia y los gobiernos anuncian medidas extraordinarias. Pero pasan los días, la noticia se apaga y pareciera que también se apagan las urgencias. La noticia muere, pero la violencia y la desprotección continúa.

Aún más preocupante, es que no sabemos cuántos Baltazares más hay, porque por cada niño que es baleado en una población, otros cientos se salvan. Se salvan de la tragedia inmediata, pero la otra tragedia continúa: siguen viviendo en ambientes violentos, limitando así enormemente su desarrollo.

En cuanto a las respuestas, se ha hecho hincapié en la cifra negra que muestra la desigual presencia de Carabineros entre comunas ricas y pobres. En este sentido, un paso adelante es que el gobierno asegure una distribución equitativa de los carabineros, entendiendo en este caso que la equidad no significa la misma cantidad de carabineros en cada comuna, sino mayor presencia policial en aquellas comunas donde hay más violencia y más abandono del Estado.  Al respecto, mis colegas de Revolución Democrática, Giorgio Jackson y Maite Orsini presentaron un proyecto de ley que ataca este problema.

Por otra parte, la alcaldesa de La Pintana, Claudia Pizarro, también está trabajando en propuestas, como el ADN balístico, el que debiera ser discutido prontamente en el Parlamento. Además, esta semana discutiremos en el Congreso la ley de Tenencia Responsable de Armas, que hace más restrictivo el porte de estas.

Leyendo las redes sociales observo que la principal demanda ciudadana es el endurecimiento de las penas a los delincuentes. Entiendo la motivación y el sentido de frustración qué hay detrás de esta demanda, pero soy de la opinión que por más que subamos las penas, este tipo de tragedias no va a dejar de repetirse si no vamos al fondo del asunto. El punto de partida es urgentemente proteger a todo niño o niña que viva en ambientes violentos. Necesitamos que el Estado llegue antes para prevenir estas tragedias y no solo para apresar con más fuerza a quienes las cometen.

La clase política tiene que hacer un compromiso concreto con estos niños, colaborando transversalmente en desarrollar una política integral que retire las armas de las calles, pero que a la vez recupere aquellos barrios que han sido tomados por el narcotráfico y la delincuencia. Hoy en día, y a pesar de nuevas autoridades y nueva inversión, sigue habiendo comunas donde las balaceras son pan de cada día, y donde la gente vive con el miedo de no poder salir a sus propias calles.

Ad portas de la discusión de la Ley de Presupuesto, invito al gobierno a avanzar decididamente en una propuesta que no deje a ningún niño o niña de lado, que controle con mayor fuerza la tenencia de armas y que acoja a aquellos menores que han visto su infancia truncada producto de la violencia. Siempre es tiempo de hacer las cosas mejor, demos ese paso ahora.

 

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