Reciprocidad




Cuando uno reflexiona en torno a  la mujer, al género se vienen varias posibilidades para reflexionar, pero en su mayoría son pensamientos y discursos ya repetidos.

¿Qué de nuevo podemos decir en relación a la mujer, en estos momentos en que vivimos un hito relevante en la historia de Chile?

Se me vienen a la mente, algunas historias que siempre me ha llamado la atención, la lealtad de la mujer para con sus seres amados, su perseverancia silenciosa, sin aspavientos cuando el “otro” que “ama” está sufriendo o vive una situación compleja.

Por temas profesionales, estuve trabajando en un Centro de internación provisoria de jóvenes (género masculino), me  impactaba ver a cada madre, hermana, pareja o polola que llegaba a ver a su hijo, hermano o pareja.

Lo mismo sucede en las cárceles de adultos, las mujeres visitan a sus familiares presos sin pensarlo, es una de sus prioridades, tengan que trabajar o madrugar, aunque no tengan dinero para transportarse. Porque está demás decir  que es  la pobreza la que se encarcela.

Así también ocurre, cuando transitas por los hospitales, ¿quiénes cuidan a sus enfermos?, casi siempre son ellas, madres, hijas, hermanas, abuelas, parejas, esposas. Ahí de pie, en la silla, dormitando o haciendo preguntas a los escasos médicos que ponen atención. Ellas, rara vez abandonan.

Recuerdo tantos casos, en donde los que fueron parejas o esposos en algún momento de la historia, regresan pidiendo asilo a la misma que maltrataron, humillaron y violentaron de tantas formas. Y ellas ¿qué hacen? los reciben nuevamente, quizás no por amor, sino por humanidad.

Y entonces  pienso, ¿somos las mujeres  las que procuramos proteger los derechos humanos de todos aquellos que son significativos en nuestras vidas? ¿Somos las mujeres las que promovemos la dignidad humana?

No quisiera generalizar, pero me parece que al observar el escenario en que nos movemos, estamos “centradas en el otro” y en esa delicada línea, que implica amar y no dejar de amarse a sí mismas, transitamos la vida entera.

Para los tiempos que vivimos esta “lealtad” de la mujer para con los “suyos” puede ser cuestionable, un rol heredado por el sistema y su cultura patriarcal. Sin duda, muchas mujeres lo experimentan como un mandato y que no ayuda al desarrollo igualitario de nosotras, ya que abandonamos o renunciamos a proyectos personales que nos gustaría poder realizar.

Pero, aun estando de acuerdo con esta crítica, creo que lo interesante sería que compartiésemos esta lealtad o fidelidad “con los nuestros” con quienes son significativos desde los  afectos, que ambos ejerzamos la promoción  y el ejercicio concreto del respeto por el “otro”, reciprocidad es lo que necesitamos.

Si tuviera que pedir a esta sociedad un cambio, me encantaría que se multiplicase la reciprocidad, no solo la igualdad, sino que vivir y sentir que estamos entregando y recibiendo uno y el otro, cada quien en su originalidad y creatividad.

Aún falta para llegar a ello, estamos luchando por la igualdad de derechos para nosotras mismas, estamos luchando por mantenernos vivas, para que ese ser, al que fuimos “leales con hechos concretos” no nos destruya ni tampoco a nuestros hijos e hijas, a nuestras madres, padres y hermanas.

Seguimos en tiempos antiguos, desiguales y la reciprocidad suena como algo lejano.

Quiero pensar que cada vez seremos más quienes optemos por este camino y que no se nos vaya la vida defendiendo el derecho a la misma.

Mientras tanto, defendemos el derecho a organizarnos, a protestar porque somos parte esencial de este pueblo,  lo sostenemos  cada día como podemos.

Hoy saludo a cada mujer de este país, agradezco a las  primeras, a las líderes. Y  también guardo silencio por aquellas que ya no están.

 

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