Recuerdos de Chile




Nací un mes después del golpe de estado del 73,  no supe por largo tiempo qué significaba democracia  ni lo que eran las manifestaciones.  Yo crecí en un país estructurado, ordenado, silencioso, donde se hacía lo que la autoridad decía. Sin comentar ni dar a conocer la opinión personal.

Conocí por relatos lo que fue el Gobierno de Frei y de Allende, al escuchar la historia era como un oasis, el pueblo Gobernaba. En esas conversaciones socavadas, iba formándose un ideal de sociedad en mi mente de joven idealista, luego los estudios en la Universidad hicieron lo suyo, y la comunidad con que compartía otras ideas  de orden más espiritual.

La experiencia de vida, la cotidiana me enseñaba del sufrimiento humano, de la pobreza, del valor de la vida, del temor y de la prudencia.  Lo que más desarrollé en mi infancia y adolescencia fue la capacidad de observar y escuchar con atención mi entono. Me daba cuenta que, hasta cierto punto, era privilegiada en comparación a otros, pero también era discriminada en otros. Provenía de una típica familia  clase media, ni mucho ni poco.

El Chile que me tocó vivir de niña, era diferente a éste, sin duda con muchas carencias materiales, sin acceso a servicios básicos,  con poblaciones callampas, como se les nombraba en esos tiempos. Era miseria, lo diferente es que no estaba disfrazada ni encubierta como ahora. Era de otro tipo, con un rostro de dolor, de suciedad, pero algo tenían esas personas que  hoy desapareció y no tiene nombre o quizás no lo sé nombrar.

Ese Chile tenía un corazón palpitante, un alma de solidaridad subterránea, que  más tarde se vio destruida con el desarrollo de un modelo económico impersonal, solitario y avasayador.

Llegaron los años 90, lentamente el pueblo vuelve a recobrar su voz, y yo observaba con ojos grandes este país que no conocía!, la democracia se recuperó y discursos esperanzadores renacieron, dando nombre a las vivencias tristes, al dolor desgarrador de tantas familias destruidas por la muerte y la separación, se abría para mi  un nuevo camino.

La lectura de la historia de Chile y América Latina me hacía comprender que la política siempre es pensada y organizada por grupos de poder. Nada es casualidad, siempre existe  una organización que va construyendo el camino hacia la obtención del poder. Entonces se comprende el sistema.

Así fueron cayendo las certezas, disolviéndose las grandes utopías e ideales y de pronto solo quedaron los Malls, el ruido, la ignorancia y la rivalidad absurda por lo material.

La vida se nos transformó en esa mecánica cotidianeidad de idas y venidas, de escasa vida de familia, con hijos que crecen solos, con padres endeudados , pero sí con un mejor nivel de vida, innegable… Pero llegó el 18 de octubre y Chile volvió a reclamar lo propio, una vida digna.

Siento que el ciclo se repite, un nuevo orden de las cosas, con fuertes reminiscencias, se vuelven a escuchar las canciones que movieron a tantos en los 70 y que hoy con emoción cantamos en la plaza de la dignidad. Muchos con sus puños en alto, gritando con fuerza aquello que los inspira y les da sentido. Y observo nuevamente como esa niña de los 80, que los tiempos se repiten como si nada hubiese cambiado. Como si el tiempo volvió atrás…estaba como en la película Machuca viendo las protestas de los años 70., escuchando  las mismas ofensas, los mismos anhelos e incluso los mismos dolores.

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