Recuerdos de Sergio Ramírez y la situación de Nicaragua 1




El año 1992 en el contexto del Festival de la Internacional Socialista de Jóvenes en Porto, Portugal, participé en una conferencia que dio Sergio Ramírez, escritor, abogado, periodista, fundador del grupo de los 12 que apoyó al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), formó parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, y en 1984 fue elegido Vicepresidente de Nicaragua, como compañero de fórmula de Daniel Ortega. En el año 2017 ganó el premio Cervantes.

Junto a jóvenes de distintos lugares del mundo escuchamos atentos y también inquietos las palabras de profunda reflexión de Sergio Ramírez, respecto no sólo a la Revolución Sandinista, sino sobre todo a la experiencia de ser gobierno y la presión brutal del Gobierno de Reagan contra la revolución y Nicaragua. Pero también escuchamos su reflexión respecto a lo que en esa época se estaba transformado el FSLN, y especialmente la forma de gestión, acción del gobierno y de su principal líder, Ortega.

En ese encuentro conocimos a los nuevos dirigentes de la Juventud Sandinista que estaban embarcados en un proceso de renovación interna y de debate en el Partido. Después nos enteramos de que todos los dirigentes y militantes que planteaban cambios internos fueron expulsados y perseguidos. Conocimos también a América Ortega, que era la candidata a vicepresidenta de la Internacional Socialista de Jóvenes por parte del sandinismo, y que en los meses posteriores denunció abusos reiterados de Daniel Ortega. Hoy vive su segundo exilio en Costa Rica.

Parecen no muy lejanas las palabras de Sergio Ramírez en el año 1992, con la situación que se vive hoy en Nicaragua. En la charla comentaba que en los 80, los años de la revolución sandinista, las tentaciones de caudillismo existieron, pero no fueron posibles, pues el origen diverso del sandinismo, que obligaba a mantener el equilibrio, lo evitó. Recordaba que Ortega no era el más carismático de los líderes del sandinismo, solo facilitaba el equilibrio interno, fue designado como un “primero entre iguales”, presidente de Nicaragua y Secretario General del Partido. El poder se repartía en feudos entre los principales líderes.

Ramírez recordaba la sangrienta historia de Nicaragua. El autoritarismo, los golpes de estado, las masacres y los exilios han hecho la historia del país, muy similar a lo que podemos escuchar de él en estos días: “si echamos cuentas, desde el triunfo de la revolución liberal hasta su derrocamiento, Zelaya estuvo 16 años en el poder. El viejo Somoza, por sí mismo, estuvo también 16 años. Su hijo, Luis, 7 años. Su otro hijo, Anastasio, el último de la dinastía, 10 años. El comandante Ortega lleva ya 21 años, con lo que supera con holgura a los demás”.

Hay que abrir bien los ojos ante lo que ocurre en Nicaragua, mirar con atención los movimientos sociales y políticos que están en la lucha cívica por libertad y democracia, la resistencia civil no violenta quiere lograr un cambio de autoritarismo a democracia sin guerra civil, que permitiría avanzar en construir instituciones firmes, un sistema judicial independiente y elecciones transparentes. En palabras de Ramírez, “si logramos un cambio sin guerra civil, nos evitaremos el riesgo, tantas veces probado, de que sobre los escombros del país se erija un nuevo tirano”.

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