Sala cuna universal: la cuestión de la calidad




El 17 de agosto recién pasado el gobierno ingreso a trámite el proyecto de ley que “crea el beneficio social de educación en el nivel de sala cuna, financiado por un fondo solidario.”, más allá de ser un posible aporte a la mayor inserción de la mujer al mundo laboral, conlleva ciertos riesgos, principalmente para el desarrollo de la primera infancia en equidad, con condiciones mínimas de calidad y el riesgo de continuidad de inversión pública en el primer nivel educacional formal.

Se propone el aumento de la cotización individual, con cargo al empleador, de un 0,1% que irá a una entidad administradora de beneficio, la que entregará diferentes aportes, siendo estos proporcionales a la jornada laboral semanal de la madre o tutor, de hasta aproximadamente 245.000 pesos, por cada niño o niña, este monto es inferior al costo promedio de una sala cuna privada en Chile que hoy se encuentra cerca de los 310.000 pesos, por lo que se instala la inclusión del copago en el nivel parvulario, limitando el acceso de niños y niñas a ciertos establecimientos educacionales por la capacidad económica de sus familias y no por estándares mínimos de calidad de los centros, hecho que debiese ser el único factor a considerar teniendo en cuenta el “impacto negativo que tiene el recibir una educación inicial pobre en calidad, hay investigaciones que afirman que una atención de mala calidad puede producir déficit en el desarrollo cognitivo, socioemocional y de lenguaje, además de actuar como un factor de riesgo de apego inseguro en menores de dos años” (Bedregal, 2006).  .

Se instala también, con esta nueva forma de financiamiento de la educación entre los 0 y los 2 años, un desincentivo real para la inversión pública en educación parvularia, dejando atrás el rol del Estado y poniendo en duda el aumento futuro de la inversión pública constante que como país veníamos teniendo desde el año 2010 al año 2017, aumentando de un 7.8% a un 15.6% del presupuesto total asignado a educación al nivel inicial, teniendo como respaldo esta nueva forma de acceso y mantención.

Junto con la discriminación económica a las familias, y esta suerte de desentendimiento del Estado de su deber de promover y garantizar el derecho a la educación en equidad,  surge la preocupación por la calidad de los centros a los que niños y niñas podrían acceder, uno de los factores que impacta fuertemente en la calidad de la educación es el número de niños y niñas por educador en cada sala, cifra que hoy en Chile es en promedio de 25 niños y niñas por sala, número muy por encima del promedio OCDE que es de 12 niños y niñas por educador. Este número no sólo sobrepasa la capacidad de cualquier educador de poder ofrecer experiencias de aprendizaje de calidad, sino que merma el nivel y calidad de la interacción que debe darse entre niña-niño y niño/a-adulto, para constituirse como un espacio educativo donde realmente se aporte al desarrollo futuro. De acuerdo con el documento “Impacto de la Educación Preescolar Sobre el Logro Educacional: Evidencia para Chile” del Departamento de Economía, Universidad de chile, hoy en nuestro país “la asistencia a los subniveles correspondientes a sala cuna tiene efectos negativos sobre el desarrollo cognitivo, resultados que pueden estar asociados a una calidad deficiente de los cuidados y la estimulación al interior de los establecimientos.”

Si es real la premisa de que “los niños y niñas están primeros en la fila”, las decisiones gubernamentales deben ir en esta línea, con políticas públicas qué garanticen verdaderamente el crecimiento en condiciones que permitan el desarrollo de sus potencialidades, no podemos limitar el acceso a una educación de calidad a las condiciones laborales y económicas de la madre y/o tutor, por ahora esta premisa se instala como un simple slogan.

 

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