Salud mental: Una tarea pendiente




La salud mental de niños, jóvenes y adultos está al debe. Sin duda, hay muchas cosas que se vienen a la mente, como los índices de depresión, suicidio o ansiedad. Todo esto a propósito de la crisis social. Es más, hemos visto las emociones a flor de piel estas dos semanas. Vulnerabilidad, irritabilidad, ansiedad, incluso carteles indicando que arranquemos debido a que todos están descompensados.

En efecto, diversos estudios indican que Chile no tiene las mejores cifras al respecto de la salud mental, lo que es una realidad. En nuestro país se conocen casos donde una persona que ha intentado suicidarse debe esperar por una  atención hasta un año después del primer intento de suicidio. En el caso de psicólogos, por ejemplo, de niños que han sufrido bullying, los atienden cuando ya salieron del colegio o cambiaron de establecimiento, disminuyendo la posibilidad de mejora en ambos casos.

Un ejemplo claro es ir a buscar un día sábado por la noche atención de un psiquiatra de urgencia por un intento de suicidio grave, solo dos lugares en Santiago cumplen con el requisito: uno público y uno privado, ni siquiera vamos a mencionar como es en regiones.

Muchos teóricos indican que el costo de la modernidad y el desarrollo es la mente de las personas, pero… ¿Podremos obtener aquel desarrollo con menos costos de depresión, ansiedad y suicidios u otros trastornos?

¿Podremos tener niños y jóvenes a salvo de la depresión, drogadicción o de la sensación de soledad y desamparo? O por lo menos asegurarles una atención de calidad a tiempo, tiempo que es vital para salvar vidas y familias.

Recordemos que las enfermedades mentales son invisibles, una cosa es que no la veamos y otra que no esté.

Qué esta situación nos haga crecer, buscar, modelar una empatía y conciencia del otro más amable y tolerante, no quiere decir que seamos condescendiente, solo la invitación es a tener en cuenta que todos tienen una historia.

No olvidemos al de al lado o del frente, intentemos masticar con pausas o respiremos lento al andar, pues si nos damos cuenta que existe un otro y mis acciones repercuten en él, quizás sea posible que podamos tratarnos unos a otros mejor que antes, pues Chile cambió.

Ahora la gran pregunta es: ¿Tú quieres cambiar también con Chile?

Síguenos