Solidaridad urbana en tiempos de COVID 19




Las crisis nos ponen a prueba sacándonos de la zona conocida de confort hacia zonas desconocidas en las que debemos lidiar con habilidades de adaptación rápida y reconectarnos con nuestras habilidades de sobrevivencia.

En la actual crisis sanitaria de COVID 19 gran parte de la población ha vivido situaciones de reclusión y confinamiento lo que no sólo afecta sus vínculos relacionales sino que también las situaciones estresantes del día a día que pueden llegar a afectar la salud mental de los ciudadanos.

Entre las diversas complejidades de esta crisis se encuentra la gran incertidumbre sobre un futuro incierto y un escenario de recesión económica mundial que ya deja estragos en la tasa de desempleo en el país.

En este incierto panorama cabe preguntarse ¿quién quiero ser en el contexto de esta crisis de COVID 19?, ¿quiero actuar desde la zona del miedo?, ¿quiero actuar desde la zona del interiorismo y concentrarme en mi conocimiento interior?, ¿quiero ser un agente de cambio y aporte a mi comunidad y a una comunidad virtual mayor?

Esta última pregunta abre la puerta a un nuevo mundo en términos de conciencia y solidaridad urbana que en tiempos de COVID puede encontrar una mayor caja de resonancia.

La parte evolutiva social de cada individuo no hace más que sentirse frustrada ante este escenario de crisis; como una sociedad a la que está acostumbrada a tomar acciones frente a las crisis, el hecho de que la mejor respuesta para esta pandemia sea “quedarse en casa” ha causado impotencia. Tomemos como ejemplo los distintos terremotos durante la historia de Chile, y cómo los habitantes se han puesto manos a la obra, a veces literalmente, para ayudar a su familia, a su comunidad o incluso a un desconocido.

Hablemos también de cómo ante catástrofes en países lejanos, hemos podido reaccionar como país y enviar apoyo, eso es a lo que se está acostumbrado, y como otros países han colaborado con nosotros para enfrentar crisis.

La solidaridad urbana siempre ha existido y la hemos visto traducirse en distintas acciones colectivas o individuales, en tiempos de COVID, entonces, también ha sufrido una transformación hacia plataformas virtuales y la creación de nuevas formas de comunicación y acercamiento sobre todo hacia los grupos más vulnerables ante esta situación.

No es raro encontrarnos con los nuevos grupos comunitarios mediante aplicaciones, donde los vecinos se han unido para visitar a los adultos mayores que viven solos dentro de su barrio y les llevan alimentos para evitar que salgan. Tampoco es extraño ver las campañas alimentarias de solidaridad para barrios en situación de vulnerabilidad o el apoyo a aquellas familias que sufren violencia intrafamiliar por algún miembro de la misma.

Esto tampoco es exclusivo de Chile, pues también vemos a las abuelas en Madrid confeccionando mascarillas para donarlas a personal médico, vemos los distintos artistas haciendo campañas de donación o donando, incluso personalidades con canales de YouTube, gente joven creando contenido para evitar información falsa del virus y haciendo streams para donar a hospitales, centros de investigación y familias en desventaja, una clara prueba de que la generación “milenial” no es tan sínica como se cree.

Conforme avancemos en este escenario, sin duda surgirán nuevas formas de solidaridad urbana que seguramente nos sorprenderán, y que ayudarán a combatir aquellos grupos que, por frustración ante la actual situación, van a poner a prueba la fuerza de estos nuevos lazos que se están creando.

Cuando al fin de esta crisis mundial y el nuevo escenario que se nos presentarán, habrá que preguntarse si esa solidaridad que surgió de crisis persiste, ¿cambiará la forma de sociabilidad? ¿Cómo esto afectará el espacio construido y el espacio que estará por construirse?

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