Teletrabajo, corresponsabilidad y perspectiva de género: ¿Dónde está?




No compartiré nuevas ideas, nuevos conceptos, máximas teóricas. Solo una reflexión en torno al teletrabajo, la corresponsabilidad en las familias en tiempos de pandemia y por extensión en cuarentena.

Las preguntas en este último mes apuntan a las condiciones para desarrollar el teletrabajo: Tienes computador adecuado, silla ergonométrica, el móvil a cuenta de la empresa, apoya brazos? solo por mencionar algunos requerimientos y la respuesta ha sido incierta o francamente he recibido un NO, porque las empresas o los servicios públicos no estaban preparados para este trabajo en casa  además con la familia incluida y todo lo que ello ha implicado como proceso de adecuación en , por ejemplo, departamentos de  40 metros cuadrados, con hijos pequeños y un posible agresor en presencia constante.

Si bien en estos tiempos de cuarentena, el teletrabajo  es una de las pocas formas de asegurar la continuidad de las actividades económicas, es importante acompañarlo de  condiciones mínimas en su desarrollo, y tener en cuenta la doble o triple jornada que podrían desempeñar las trabajadoras.

A propósito de ello, conversando con mujeres de diferentes edades, nacionalidades, niveles de escolaridad y económicos el tema hoy es: cómo sobrevivo y “no muero en el intento” de teletrabajar, ver y orientar tareas, alimentación, contención y cuidado, adultos mayores a cargo y  si aparece por ahí la pregunta: ¿en qué te ayudo?, sin profundizar en los diferentes tipos de violencia al que se ven expuestas sumada a la enorme preocupación de que al término de la cuarentena te despidan por “razones de la empresa”.

Si Uds. observan, el confinamiento decretado en las diferentes comunas y regiones no tiene perspectiva de género alguna y solo contempla una mirada sanitaria.  No ha puesto en cuestión  quién ejerce las labores al interior de la casa, y qué ocurre en las familias con otro tipo de vínculos, con adultos mayores, niños y niñas en hogares monoparentales, familia nuclear o abuelos a cargo de nietos, por ejemplo.

En estos tiempos se hace indispensable redistribuir ese trabajo y avanzar en corresponsabilidad no solo si existe una pareja sino con el grupo familiar completo, poner tareas concretas, establecer horarios y límites porque es de justeza y urgente para aminorar el efecto negativo de esta sobrecarga donde la salud mental de quienes lideran en casa , mujeres en su mayoría,  sin duda alguna se está viendo afectada.

Por otra parte, para muchas personas es necesario seguir yendo a sus lugares de trabajo. Las mujeres son más del 80% de las personas empleadas en el sector sanitario y social, que tiene la mayor exposición al virus y, por tanto, mayores posibilidades de contagio asumiendo, además, gran parte de los costos emocionales de la pandemia ya que al volver a casa se encuentran con su grupo familiar.

Pensaba que la frase “distancia física” se ha replicado constantemente en los últimos días para considerar otro tipo de corresponsabilidad : la ciudadana que nos conmina a evitar el contacto con población de riesgo o que pudiese estar contagiada, todo lo opuesto a lo que solicita la autoridad y que se grafica en las salidas a la feria, supermercado o farmacias donde las mujeres deben hacerlo junto a sus hijos/as si no tienen con quien dejarlos.

Hoy, nuestra vida y bienestar se encuentra doblemente amenazada por el virus y la crisis al interior de los diferentes tipos de familias que están obligados a convivir las 24 hrs del día.

Solo llamarles a  que esta emergencia no nos deje indiferentes frente a las dinámicas que se dan al interior de los hogares, a que no repliquemos las desigualdades de género y aprovechemos esta oportunidad de poner no solo el tema sino que, con acciones concretas, empecemos a ejercer la corresponsabilidad familiar. Nos lo merecemos todas y todos en este camino hacia una nueva forma de vivir con el COVID19.

 

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