Territorios, pandemia y economía




A la Región Metropolitana le decimos “Santiago”. Un territorio que hace rato desbordó Vespucio. Una frontera social como antes fue La Chimba. Santiago, una unidad geográfica, donde habita más o menos el 40% de la población chilena. Leí, no hace mucho, que la población rural en la región era de menos del 4%, según una definición estricta de ruralidad. “Santiago” región es una unidad geográfica urbana por donde se le mire. Todavía más el Gran Santiago. Ahí ya no cabe duda ni ambigüedad alguna sobre el punto. El Gran Santiago es unidad urbana de manera predominante y heterogénea socialmente, aunque la pobreza está segregada en barrios y comunas. No tiene fronteras internas, es compacta.

Nueva Zelanda y Uruguay muestran, hasta ahora, buenos resultados respecto al virus. Modelos se ha dicho. Lo cierto es que ambos países comparten características geográficas y de población bien singulares en el mundo actual. No son muy comparables a otros. En el resto del mundo, las cuarentenas o confinamientos se aplican, en general, a territorios compactos y con límites claros respecto de otros territorios. La idea de barreras sanitarias entre una región y otra, por ejemplo, va en la misma dirección, separar localidades o regiones aprovechando fronteras naturales entre un lugar y otro.

El plan paso a paso propone una cosa distinta. El plan paso a paso imagina fronteras que no son barreras. A Ñuñoa y Providencia, Peñalolén y La Reina, Macul y Ñuñoa, por ejemplo, las separa una calle, o varias, de manera continua. No hay ríos, ni campos, entremedio. Solo avenidas. Son arterias hiperconectadas. Pues bien, este nuevo retorno a una normalidad forzada ha querido ver o maginar ahí un límite más que artificial, artificioso, para separar los territorios que salen de cuarentena del resto de la ciudad.

Varios expertos, incluida la mesa que ha convocado el propio ministerio, han señalado que se debió esperar. La tasa de positividad ha ido bajando, pero sigue siendo alta para una decisión así. Eso dicen los que saben. ¿Por qué entonces el ministerio de Salud toma una medida de esta naturaleza? ¿Una medida que va contra su propia misión?

Se dice que ha habido una prioridad de la economía por sobre la vida humana o la salud pública. Pero la experiencia anterior de levantamiento de la cuarentena, apresurada, fue nefasta para la economía (y para la salud) y hemos pagado las consecuencias. La caída del gabinete tuvo su epicentro en la sonora derrota del ejecutivo respecto del retiro del 10%: pura economía. Si la prioridad fuese la economía, se tendría que haber evaluado cuidadosamente lo que se está haciendo en salud y de qué forma: la trazabilidad, los pasos que faltan.

Veredas y calles, límites artificiales, no detienen el virus y la epidemia.

Lo que el gobierno no ha entendido es que esta crisis está concatenada, es de carácter sistémico. Mientras lo sanitario no tenga un norte claro, y no lo tiene, los problemas asociados a ello van a continuar. Mientras tanto, el ministerio encargado de resguardar ese valor está renunciando a su propia misión. Ya lo hizo antes, con pésimas consecuencias para la vida humana, la salud y la economía. Eso debe cambiar.

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