Tiempo de cobrar el cheque




Hoy es el tiempo. Para quienes monitorean las noticias diarias de cine esto quizá ya es historia vieja, para muchos otros es parte de una moda. Lo cierto es que la industria de cine occidental, desde la más modesta hasta la más rica de todas, localizada en Hollywood, California, está rindiéndose ante los cambios de la sociedad. Y existe una palabra que para nadie es indiferente hoy: la inclusión.

A través de una nueva conciencia social, motivada por la exposición a lo que abusadores patológicos como Harvey Weinstein hicieron de lo que se moviera alrededor de ellos, hoy la industria del cine puso la mirada en las minorías y, por el bien de todo el mundo, se han dado cuenta por fin que si la cinta no camina alrededor de hombres blancos, anglosajones y heterosexuales, la gente pagará igualmente por su entrada al cine.

Lo mismo pasa con los premios Oscars, aún muy importantes para el cine del mundo libre: sólo en los últimos diez años dos mujeres han sido nominadas al Oscar por Mejor Director (sólo seis nominadas en total desde 1929), y una, Kathryn Bigelow, lo ganó por “The Hurt Locker”; dos actores españoles, Penélope Cruz y Javier Bardem fueron los primeros españoles en ganar premios por actuación con muy poco tiempo de diferencia; tres mexicanos, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu ganaron los premios como directores (este último dos veces), y también por Mejor Película del Año, lo que inmediatamente los pone como “game changers”, o influencias directas para la historia del cine mundial; una película sin actores blancos, “Slumdog Millionaire” gana el premio mayor, y el también mexicano Emmanuel “Chivo” Lubezki rompió todos los récords de la historia ganando tres veces seguidas el premio al Mejor Director de Fotografía. Todo esto sin contar las barreras rotas por las personas de raza negra y de otros lugares del mundo, como Ang Lee, ganador al Mejor Director de origen chino.

Chile ha tenido un lugar muy especial: ha sido nominado cuatro veces, y ha ganado tres. Hasta el momento que “No” fuera nominada, potencias como España y países con talentos únicos como Argentina habían sido los únicos galardonados. Hoy nuestro país cuenta con “Historia de un Oso” como la Mejor Cortometraje Animado y, por supuesto, “Una Mujer Fantástica”, Mejor Cinta Extranjera este año. Y Claudio Miranda, como ganador del Oscar al Mejor Director de Fotografía por “Life of Pi”.

Existen, por supuesto, críticas en nuestro país a la nominación o premiación de cualquiera de estas cintas: “No” era “la típica película de la dictadura militar”; Historia de un Oso, la misma cosa. “Una Mujer Fantástica” no es sobre política, no incluye casi referencias al pasado chileno, pero tiene a una actriz transexual como protagonista e inspiradora de la historia lo cual,  para algunas personas, es político. Pero lo cierto es que el cine nacional ya estaba moviendo aguas gringas desde que “La Nana”, de Sebastián Silva, se convirtiera en un éxito de taquilla independiente en Estados Unidos, y no fue nominada al Premio de la Academia sólo porque Chile decidió enviar otra cinta como candidata.

El mismo interés despertó en Estados Unidos la cinta “Gloria”, que ganó el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Berlín, y que hoy está esperando un remake con el mismo director y protagonizado por Julianne Moore. Además de esto, está “El Club” y “Neruda”. “Gloria” fue dirigida por Lelio, quien ganó finalmente por “Una Mujer…” y las dos siguientes estuvieron a cargo del hoy todopoderoso director y productor Pablo Larraín, quien a pesar de no tener premios en Hollywood aún ya ha dirigido una cinta en inglés con Natalie Portman, “Jackie”.

Este extenso y nerd resumen de los reconocimientos logrados por españoles, latinos y chilenos en el mercado norteamericano, sólo nos lleva a mi consejo principal: la reputación ganada por el cine chileno en Norteamérica es el cheque en blanco que necesitábamos para inyectar ánimo a nuestras generaciones, para decirles que, por más cursi y zalamero que suene, sí se puede soñar. He leído, por ejemplo, a críticos acusando a Larraín de “facho”, pero con la mayor objetividad posible que un resentido social como yo pueda tener, la mirada a los íconos de izquierda como Neruda o la franja del No por parte de Larraín no han hecho más que darles perspectiva y profundidad a hechos que no necesitan ser endiosados para ser valorados. Si el team a cargo de “Historia de un Oso” pudo vencer a un monstruo como Pixar, que invierte millones de dólares en sus cortos animados, es totalmente posible caminar por la vía abierta por todas estas películas.

Hoy los filmes chilenos, y los chilenos que las hacen, pueden llegar de una vez por todas a marcar la historia mundial, levantar nuestra industria y poner el alto el nombre del país.

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