Un acto de justicia ante la pérdida




Hace unas semanas fue promulgada la Ley Mortinato, que permitirá inscribir por su nombre a los hijos que murieron antes de nacer o durante el parto. Esta ley, de carácter voluntario, sigue el ejemplo de países como Alemania, que cuentan con un registro de mortinatos inscritos por su nombre y viene a corregir una prohibición en nuestra legislación que agravaba el sufrimiento de los padres en duelo. El hecho de constatar que para todos los efectos de tramitación de retiro de cuerpo y sepultación, ese hijo esperado era catalogado como NN, aumentaba el dolor de la pérdida; tener que visitar una lápida sin su nombre, era la muestra más patente de una burocracia innecesariamente indolente.

De ahí la alegría de quienes reclamaban su derecho a nombrar y a vivir el proceso de despedida de un hijo como lo decidieran, reivindicando su rol como protagonistas de esta experiencia. Ellos y no el bebé, como se insinuaba en algunas discusiones, fueron el centro de esta política. Dada la contingencia, tuvo que afirmarse desde el primer día, que este proyecto no pretendía ni podría reconocer derecho alguno a ese mortinato, pues a la luz de nuestro cuerpo legal, no se considera persona a quien no alcanza a vivir separado de la madre, sea por un instante siquiera. El enfoque fueron siempre los padres.

Dado lo anterior a nadie debería extrañar que la aprobación de esta ley haya sido dada por unanimidad y celebrada por todos los senadores y diputados como un gesto de humanidad sobre el cual agradecieron poder legislar.

Sin embargo, tal logro no fue fácil y esa unanimidad fue resultado de un gran esfuerzo llevado a cabo por quienes patrocinaron desde el gobierno esta regulación y por quienes, desde la sociedad civil, la impulsamos. Como representante de una de las organizaciones que formaron parte del colectivo tras ésta -compuesto por padres en duelo y profesionales que trabajan en temáticas de mujer y maternidad-, creo necesario, no solo agradecer a quienes hicieron posible que ella pudiera ser realidad, sino también dar cuenta de las dificultades que tuvimos para poder sacarla adelante, de manera de transparentar y mejorar el proceso.

En este sentido, podemos mencionar dos nudos que complejizaron la tramitación: el primero fue la falta de apertura de algunos parlamentarios para oír a quienes habíamos solicitado esta ley y contamos con expertise en el tema. Si bien es cierto que éste era fácilmente asociable con el del aborto, quienes nos dieron el tiempo para explicarles su falta de relación, pudieron dejar de lado sus prejuicios en poco tiempo. Considerando también que las sospechas en el mundo político son parte de la dinámica diaria y que ellas cumplen un rol a la hora de estudiar los asuntos sobre los que se decidirá, éstas dejan de ser positivas cuando solo son una barrera sorda frente grupos que no están batallando por intereses políticos sino por mejorar la vida de las personas a las que representan. Fue una desilusión el que algunas bancadas no nos dieran siquiera la oportunidad de una conversación.

El segundo obstáculo, fue la presencia e influencia, en las comisiones parlamentarias, de supuestos expertos, que carecían de conocimientos en la materia. A lo largo de la tramitación, nuestro colectivo tuvo que presenciar exposiciones de personas que no estaban instruidas ni en duelo gestacional/perinatal y sus consecuencias en la salud mental de las mujeres y familias en Chile, ni en el modus operandi de la inscripción de mortinatos, ni en los reglamentos relativos al retiro de restos de aquellos, ni manejo de la legislación comparada, cuya presencia solo respondía a una afinidad ideológica con algunos de los parlamentarios presentes en las comisiones.

Solo la perseverancia de quienes comprendíamos bien la causa, permitió revertir las

proposiciones de aquellos falsos expertos. Fue un arduo trabajo, en el que nos ayudaron diputados y senadores que sí se dieron el tiempo para escuchar a quienes les afectaría esta ley.

Gracias a ellos, sorteamos la sobreideologización, la sospecha infundada e incluso una campaña a votar en contra de este proyecto, por parte de ciertos políticos.

Les agradecemos por ello a parlamentarios de todos los sectores, que sí se comprometieron con esta moción, por habernos escuchado en persona y más allá de las posturas y mandatos de sus partidos, habernos apoyado. Especialmente a Jaime Bellolio, Carolina Goic, Camila Vallejo, Juan Ignacio Latorre y Juan Pablo Letelier.

Y esperamos que toda iniciativa que solo trae mejoras a la sociedad pueda tener el mismo final, sin tener que pasar por dificultades innecesarias.

 

 

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