Un mundo sin el neoliberalismo: de sueño a una realidad




Hemos visto en estos últimos tiempos la profunda crisis que afecta a nuestro país y en varias partes del mundo. La gran mayoría de estas crisis sociales, políticas, culturales y económicas indican un fenómeno que quizás muchos lo ven, pero pocos lo quieren reconocer: el fin del sistema neoliberal.

Durante años este sistema, que para ojos y realidades de muchas personas es una estructura que se alimenta de la desigualdad de las personas en base de la extrema competencia entre los individuos en la totalidad de los campos sociales que se desenvuelven.

Las crisis sociales e inclusive medioambientales son el síntoma que anuncia un nuevo mundo, un mundo sin el neoliberalismo. Quizás para muchos puede parecer una utopía sin posibilidades de concretarse, sobre todo para la derecha más cavernaria al momento de conservar este sistema y negarse rotundamente a los cambios que el mundo vive necesariamente. Este sistema llevo al colapso a nuestra civilización y este clima sociopolítico está cimentando un nuevo camino para el futuro.

¿Cómo sería el mundo sin un neoliberalismo operando? Pues pensémoslo así: es interesante pensar un mundo reconstruido en base a una economía del procomún colaborativo y con principios cooperativista, que entre las personas propietarias de empresas o emprendimientos logren aportar al crecimiento y bienestar de otros emprendedores. Llama la atención la desmonopolización de las formas y los modos de comunicación: las redes sociales, los medios emergentes, la digitalización y la hiperconectividad hacen que las personas transversalmente pueden informarse, sin la necesidad de ostentar una cierta capacidad económica para ser receptor de una buena calidad de información y a tiempo instantáneo. Es fundamental pensar este nuevo mundo sin el sistema neoliberal con un “nuevo” estado totalmente refundado desde su concepción hasta sus elementos más prácticas, un estado que en base a la recaudación equitativa y progresiva pueda garantizar el bienestar de todas las personas sin importar las “supuestas” clases (que ya en cierta forma están totalmente desdibujadas). Pensar este nuevo mundo con una estructura gubernamental capaz de resguardar la seguridad socioambiental, socioalimentaria y cultural de las personas con las suficientes capacidades para vincular e incluir a la mayoría de los ciudadanos en los procesos de toma de decisiones. Efectivamente es necesario que la estructura y sistema jurídico legislativo tenga la capacidad resolutiva necesaria para resolver conflictos y darle la legitimidad que corresponda en este nuevo mundo sin el neoliberalismo; La tecnología debe estar a disposición del mejor desarrollo humano de las personas y prolongar las capacidades cognitivas, físicas y biológicas. Las dinámicas políticas deben necesariamente responder a los cambios que viven cada sociedad y no desligarse de las bases comunitarias, y sobre todo las instituciones que se conformen en este nuevo mundo en torno a resguardar y dinamizar la democracia, deben ser capaces de ser reales canalizadores de las demandas y los nuevos problemas que surjan. Entre todas estas cosas y muchas más se podrían comenzar a concretar en este “nuevo mundo” sin el neoliberalismo.

Nadie es dueño de la verdad o tiene la receta perfecta para mejorar nuestra realidad, pero no significa que no demos nuestras ideas para hacer el intento de crecer. Hoy las crisis no debiésemos pensarlas como el augurio de un mundo oscuro, sino que todo lo contrario. Y las ideas son fundamentales para reconstruir el mundo posterior a los procesos de cambios (o procesos de crisis).

Los intentos por dar respuesta a las demandas, la clase dirigente (para no llamarla clase política) comente bastantes errores en sus fondos y formas, pero también debemos entender que todo proceso de crisis conlleva intentos fallidos de volver a reconectar posturas, ideas, demandas, etc. Hay una historia detrás, hay una experiencia que no se puede olvidar y esto consecuentemente trae formas que para las nuevas generaciones quizás no son de mucho gusto, pero la tradicional clase política debe comprender que la nuevas generaciones son fundamentales para pensar el futuro y se deben hacer los esfuerzos para conectar ambos mundos, la historia y el futuro son indispensables al momento de definir el presente y de superar los elementos que nos pusieron en crisis.

Nuestro país fue el laboratorio del proyecto neoliberal que durante tantos años ha dejado graves estragos a causa de la profunda desigualdad que socavo el bienestar de las personas. El principio de extrema competencia, la desregulación del mercado, los esfuerzos por desbaratar el aparato estatal y reducir los servicios públicos, la concentración de la riqueza, y entre otras cosas más que se han introducido por espíritu del neoliberalismo en la conciencia la sociedad,  han provocado esta crisis en nuestro país y en otras partes del mundo.

Hoy Chile tiene una administración (porque ya no se le puede llamar gobierno) que intentó, bajo la represión y la agresión hacia su propio pueblo declarándole la guerra,  mantener este sistema que lo han defendido desde la dictadura impuesta a golpe el 1973 y por medio de “trampas” desde la constitución de 1980 hasta la fecha. Este mismo sector político fue quien consagro una Constitución que desde lo legislativo, administrativo y judicial materializo las ideas del neoliberalismo.

En este país que tiene un presidente con una mano en el libro de la guerra y un dedo en el libro de la paz; una nación que tiene las fuerzas militares y de orden con la plena libertad procedimental y judicial de hacer los que quieran; una administración con ministros que no entienden la realidad de las necesidades de la población, entre otras cosas, es en definitiva, en este país donde se forjo el “laboratorio neoliberal” y se profundizo durante décadas”, hoy, en nuestros tiempos, se le está poniendo punto final a este sistema tan perjudicial para todas y todos.

Pero pensemos que todo lo que está sucediendo en todos lados debe pasar para mejorar nuestro futuro. Hace un par de meses atrás muchos se imaginaban un futuro diseñado por los neoliberales, pero todo cambio. Las masivas movilizaciones, los símbolos transversales de las marchas, la profunda demanda de construir un nuevo sistema social ponen en evidencia la necesidad de superar al neoliberalismo y concretar una nueva forma que estructuré a nuestra sociedad, una sociedad que piense y actué bajo otros principios muy distintos a los que se impusieron a punta de fusiles y golpes; un país que se desarrolle impulsado por un espíritu totalmente nuevo, o mejor pensemos más en grande: un nuevo mundo con otro tipo de ethos civilizatorio sin el impulso del extremo neoliberalismo; hoy no tan solo es un sueño sino que es una realidad: un mundo sin el neoliberalismo.

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