UNA NUEVA CONSTITICIÓN PARA UNA DEMOCRACIA PLENA




Como es habitual en septiembre se instala en nuestro país el debate sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas en la dictadura cívico militar de Augusto Pinochet. Un debate que a 45 años del Golpe de Estado, da cuenta de una sociedad que no ha logrado sanar del todo sus heridas, lo cual es absolutamente explicable si consideramos que aun hay miles de familias de detenidos desaparecidos que no han podido dar con el paradero de sus seres queridos, si a esto agregamos que ha casi 28 años del retorno de la democracia aún tenemos una cárcel para violadores de derechos humanos, como Punta Peuco, que es más cercana a un hotel que a cualquier cárcel publica del país, que aún hay miles que esperan justicia, sin que esta llegue. Entonces, es comprensible que estas heridas persistan, sin verdad y sin justicia dan lo mismo los años que pasen, las heridas seguirán abiertas.

En ese contexto, hemos visto en los medios de comunicación, entrevistas y columnas a distintos personajes del mundo político, que analizan, hacen meas culpas, respecto a todo lo que nuestro país tuvo que vivir. Sin embargo, ninguno, absolutamente ninguno ha sido capaz de alzar la voz respecto al secuestro permanente de nuestra democracia, al mantener vigente la Constitución del dictador. Por eso, resulta un acto de violencia, una especie de golpe de estado permanente a la democracia, mantener una constitución nacida en dictadura, carente de toda legitimidad, en la cual se plasmó de algún modo su proyecto socioeconómico neoliberal.

Y si bien, durante estos casi 28 años, las fuerzas democráticas han realizado un importante esfuerzos para llevar adelante la transición e ir terminando con los enclaves dictatoriales de la Constitución del 80, esto no es suficiente. No basta con que la Constitución ahora lleve la rubrica de Lagos y no la de Pinochet, se requiere un cambio más profundo, una Constitución nueva, nacida en democracia, dotada de participación ciudadana, de lo contrario mantendremos esta camisa de fuerza que impide cambios estructurales que permitan profundizar la democracia.

A 45 años del Golpe de Estado al gobierno constitucional del Presidente Salvador Allende, se debe seguir avanzando en la búsqueda de verdad y justicia para todos aquellos que fueron victimas del terrorismo de Estado, se debe seguir avanzando en reparación para todos y cada uno de ellos, pero también debemos avanzar en la reparación de nuestras instituciones democráticas que aun sufren los daños de la dictadura. El dictador ha muerto, pero su proyecto de país sigue vigente en su Constitución.  Por ello, para avanzar en la consolidación de un nuevo Chile, más amable, más transparente, democrático, igualitario e inclusivo, las fuerzas democráticas hoy tienen el deber de asumir el desafío y unirse nuevamente para impulsar un proceso democratizador que culmine con una nueva constitución nacida en democracia.

 

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