Una vez más en crisis… volviendo a la sobrevivencia….cómo lo hacemos?




No imaginé vivir un momento histórico tan significativo, impactante en la vida mundial, pero estamos acá. Una nueva pandemia nos azota, pero esta vez llegó a nuestras casa, barrios, comunas, regiones completas, al continente y más.

El discurso diario está centrado, en la sumatoria de casos tanto de contagiados como de fallecidos. Es cruel escuchar el “conteo”, no creo que se pueda comparar esta situación informativa con otra que hayamos vivido. Estamos paralizados y encapsulados en esta especie de mundo paralelo, se detuvo nuestra vida cotidiana por otra que pensamos es “transitoria, hacia algo que no sabemos qué o cómo será.

¿Y Cómo saldremos de esta crisis, en términos de nuestras convicciones, significados de la vida y prioridades? Eso es lo interesante. Hemos recorrido este camino de transformación social de manera constante hace años, pero este último ha sido extraordinario en sus giros, impredecible.

Esta pandemia, no solo ha puesto en riesgo la salud del ser humano, ha quebrado los modelos económicos. Chile no es la excepción, claramente veníamos insistiendo en la desigualdad y precariedad de la vida  de los chilenos, pero no  se reconocía lo que era evidente.

Con tan poco, los grandes empresarios, expresan sufrir la devastadora crisis económica. Curioso! por decir lo menos, ¿qué sucedió con las ganancias de años y años?  Inexplicable.

Los primeros en aplicar las leyes económicas a su favor son las grandes empresas, los retails, afectando a miles de trabajadores y sus familias. Ésta es la pobreza humana y esa no tiene solución simple.

La pobreza, es desoladora. Basta con salir a las zonas más comerciales y veremos a los mismos de siempre y a los nuevos que se unen al comercio informal. En su mayoría personas que contaban con un ingreso que les permitía vivir y no sobrevivir. Hoy están en las calles ofreciendo lo que tengan para vender, la cuestión es salir adelante por sí mismos, porque no son del grupo social que puedan optar a las ayudas económicas que se han dictado últimamente, como lo ha sido históricamente en Chile.

La pobreza no es ni será nueva en nuestro país, está, permanece, de distintas formas.

Duele ver a las personas mayores, a los niños, niñas, pero no es primera vez, lo que sucede es que ahora son más y otros  puertas adentro, de los que no sabremos. Los niño y niñas  son los afectados silenciosos, me preocupan, en su simpleza y flexibilidad se adaptan y es su ventaja a este aislamiento.

Lo más doloroso de esta enfermedad, es la soledad en la que se muere, la desolación de no poder sostener la mano de al menos un ser querido, no existe la posibilidad de despedirnos. Se parte en el más absoluto silencio. Creo que es el aspecto más devastador de esta pandemia. Los miles y miles de cuerpos abandonados, sin valor alguno, sin respeto ni dignidad, somos un número más. Y somos eso, uno más o uno menos.

 

Como es sabido las crisis sacan lo mejor o lo peor del ser humano. Cada quién mira desde lo conveniente, desde lo que le permite vivir, sobrevivir, proteger o sacar más provecho. No es algo que se pueda juzgar simplemente.

Este encierro nos ha permitido pensar en lo importante, volver a conversar, apoyarse entre desconocidos, los que vivían al lado nuestro. Cómo cuidaremos lo ganado?, la comunidad, vivir en forma más sencilla, terminar con la adicción al consumo? valorar el diálogo? Volver a la consciencia de que existe dolor por hambre y que tenemos que hacer algo.

Y todo vuelve, la historia es cíclica. Vuelve la olla común, vuelve el empleo de emergencia, vuelve el comprar juntos, vuelven las mil y unas estrategias que olvidamos porque nos sentíamos seguros, pero solo son períodos que van y vienen.

 

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