Viña del Mar ya no es bella




Viña del Mar es una ciudad cuyo nombre nace en el periodo de la colonia, en la zona llamada quinta San Francisco, donde hoy se aloja el Palacio Rioja, existían viñedos que dieron origen al nombre “Viñas de la Mar”. Desde ese entonces, Viña encantó por ser una comuna que combinaba bellos paisajes y jardines, con la majestuosidad de sus hermosas residencias, que junto a una bella costa, entregaban características inigualables tanto a residentes como turistas, que veían como un gran privilegio vivir y vacacionar en la comuna, siendo estas características fortalecidas durante décadas por la familia Vergara, fundadores de la ciudad, como también por las diferentes administraciones comunales.

Hoy, todo esto es sólo un recuerdo, dando paso a una realidad que muestra el deterioro generalizado de la comuna, que producto de una deficiente administración comunal terminaron por consolidar una crisis identitaria, que vemos reflejada en cada rincón de la ciudad. El concepto de identidad requiere no solo la conciencia de existir, sino la conciencia de ser en forma perdurable, es decir, entender que la identidad es lo que nos representa como conjunto y lo que quedará cuando nuestra existencia dé paso a las nuevas generaciones.

Lamentablemente, hoy nuestra identidad como comuna se relaciona con la desigualdad, con la existencia de cientos de niños y niñas que viven, crecen y se desarrollan sin las condiciones mínimas de salubridad, sin alcantarillado, equivalente a crecer en algunas regiones de África. Hoy nuestra identidad como ciudad está entregada a las grandes inmobiliarias, que construyen sin ningún control sobre nuestro patrimonio, y por ende, sobre nuestra historia. Hoy nuestra identidad es ver cómo la delincuencia y las mafias se toman las calles que antes recorrían los turistas todo el año, o ver cómo emprender en Viña es casi una odisea frente a un turismo estacional que no da tregua, impidiendo la consolidación de fuentes laborales sustentables, que entre otras cosas, alimentan el éxodo migratorio laboral hacia la capital. Estamos frente a un gran desafío, levantar un movimiento que nos permita volver a hacer de nuestra comuna un lugar para vivir, crecer y desarrollarse en plenitud.

Viña es también su gente. Miles de hombres y mujeres que ansían tener una vida mejor, y que no merecen estar a merced de una gestión inescrupulosa, que ha mostrado con su negligencia permanente que pasará a la historia como la gestión que logró que Viña dejara de ser bella.

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