Violencia de género y Covid 19




El aislamiento social para contener el COVID-19, puede generar un aumento en la violencia de género y la pobreza que viven las mujeres. Lo planteo desde mi experiencia y lo corroboran estudios y analisis de expertas e instituciones como ONU Mujeres quienes advierten que la violencia de género dentro del hogar podría aumentar producto del estrés y la obligación de convivir o relacionarse, porque hay hijos/as en común,  con la  amenaza más grande: su eventual agresor.

Estas situaciones son transversales en países como China, España, Italia, Francia y otros donde esta pandemia  ha afectado también en su salud emocional .

Solo a modo de ejemplo les comparto que el sitio de noticias chinas Sixth Tone publicó “Domestic Violence Cases Surge During COVID-19 Epidemic” (Los casos de violencia doméstica aumentan durante la epidemia de COVID-19), donde se relataba el caso de Wang, una mujer golpeada y expulsada el 2 de marzo  de su casa junto a sus dos hijos por su pareja y padre de los niños durante la cuarentena.

En Chile, el 16 de marzo se registró el décimo primer femicidio de este año donde Nataly Davison Escobar fue atacada, junto a su hija de 2 años ,por el conviviente y padre de la niña.

La necesidad de quedarse en casa (espacios por lo general hacinados, precarios y muchas veces compartidos) por estas medidas o los despidos resultado de la baja productividad en una empresa instalan al hombre  – proveedor en un lugar que antes compartía solo en la tarde – noche. El alcohol y  el consumo de drogas exacerban los niveles de violencia asociados a la frustración de no poder entregar la alimentación o salud básica a su grupo  familiar o simplemente por la incapacidad de manejar el cotidiano en el hogar, casi siempre en manos de las mujeres .  El aumento de tensiones y el aislamiento social  son una clara forma de exacerbar la violencia de género.

La  rutina de trabajo puede convertirse en un factor protector para las mujeres que sufren violencia ya que uno de los dos sale de casa produciéndose una suerte de “latencia” hasta que se ocasiona el reencuentro. Ahora, con las medidas de cuarentena ese espacio no existe y cualquier situación interna por lo que ella “hizo o dejó de hacer” provoca una escalada de violencia que también afecta a NNA (niños, niñas y adolescentes) de la familia.

Fíjense que en contexto de “normalidad” en nuestro país, las cifras no son alentadoras: Un 38% de las mujeres señala haber sufrido algún tipo de violencia en su vida, ya sea física, psicológica y/o sexual de acuerdo a la Tercera Encuesta Nacional de violencia intrafamiliar contra la mujer y delitos sexuales, de la Subsecretaría de Prevención del Delito (2017).

Esto nos debe llevar a fortalecer políticas públicas para evitar el aumento de femicidios y violencia contra las mujeres, niñas y adolescente a través de la activación, por ejemplo, de  protocolos para que dispositivos (Centros de la mujer y Casa de Acogida) del Ministerio y Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género no queden paralizados debido a la cuarentena y fortalecer aún más la coordinación con Carabineros, PDI y Ministerio Público .

Por otra parte, crear redes de apoyo y generar alertas en caso de que nuestras cercanas, vecinas, compañeras de trabajo o amigas vivan situaciones de violencia al interior del hogar, resultan  fundamentales para evitarlas y prevenir futuros femicidios. Es muy, muy importante que no se sientan solas y que sepan que hay “otra” que está dispuesta a escuchar atentamente, contener y acompañar a denunciar cuando sea necesario y  no esperar ,en promedio,  7 años  para reconocerse que son víctimas .

Hoy no estamos en un contexto de normalidad y el concepto de comunidad que se refiere a un conjunto, una asociación o un grupo que comparte elementos, características, intereses u objetivos en común cobra un mayor sentido: protegernos entre todas de nuestro agresor.

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