Volver a creer




Nuestro país vive una preocupante crisis de desprestigio de la política y los políticos; desprestigio tan profundo que alcanza a la totalidad de las instituciones. Así lo demuestra la encuesta del Consejo para la Transparencia, que da cuenta que el 57% de los chilenos creen que los organismos públicos en Chile son “muy corruptos”. Esta percepción ciudadana no es fruto de la causalidad, los escándalos de corrupción como SQM, Caval, Corpesca y Penta han sacudido a las instituciones, a los partidos y la clase política en general, lo que se suma a una forma de hacer política que hoy evidentemente se encuentra agotada, todo lo cual  justifica la desconfianza, la rabia y la impotencia de la ciudadanía frente a la política.

Pero, ¿Qué hacemos? ¿Dejamos de ir votar para que una minoría siga decidiendo nuestro futuro?; ¿nos autoexcluimos del debate público?. Lo peor que puede pasar es que no nos arriesguemos a volver a creer, yo creo en la política y tengo la convicción de que todos debemos volver a creer en ella. No podemos seguir como sociedad cayendo en el juego de demonizar a todos, por una razón muy simple: no todos son corruptos, no todos son sinvergüenzas como algunos sectores convenientemente tratan de instalar porque les acomoda que la ciudadanía desprecie la actividad política, porque ese es el inicio del camino hacia la profundización de la despolitización de la ciudadanía y constituye el abono necesario para el populismo y el autoritarismo.

 

Por ello, y pese al desprestigio que hoy viven las instituciones, los partidos y la política en términos generales, a pesar de la desesperanza y la rabia, debemos reivindicar hoy más que nunca la política como la única forma posible de construir un futuro compartido, los ciudadanos debemos tomarnos los espacios, hay que hacer política en las poblaciones, en las escuelas, en la universidad, en las empresas, en el sindicato, en la calle, en el Congreso, en el debate de nueva constitución, y en todos los espacios posibles.

No podemos seguir entendiendo la democracia como el simple acto emitir nuestro voto, se hace urgente y necesario involucrarnos en lo público. Hay que volver a creer en la política y devolverle su sentido transformador y de construcción de los sueños colectivos,  pero no podemos esperar que eso pase por sí solo, no podemos esperar que los cambios los realicen los mismos de siempre, el cambio empieza por uno, y eso quiere decir que debemos comprometernos como ciudadanos activos, opinantes y propositivos, debemos dejar la inercia para pasar a la acción, debemos pasar de la queja a la construcción conjunta de la sociedad que soñamos, para que juntos volvamos a creer.

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