Y no me importa nada




El título de esta columna nos lleva inmediatamente a aquella canción de Luz Casal que entre todo el drama amoroso y de manera poética, retrata la poca esperanza en todo lo que hay a su alrededor, y es esta sensación la que todos, de alguna u otra manera, estamos sintiendo a raíz de esta crisis sanitaria, económica y social.

Será esta falta de esperanza la que sirve de argumento para que las personas, en su gran mayoría de barrios de clase media, media baja y populares, no respeten las cuarentenas y organicen fiestas masivas, o salgan a la calle sin salvoconducto o simplemente no respeten el distanciamiento social o el uso de mascarillas, será que hay algunos ciudadanos a los que no les importa nada.

Hago esta alusión ya que algunas autoridades que, la semana pasada hacían gárgaras con la “nueva normalidad” hoy, con diversos adjetivos descalificativos se refieren a estas personas.

Ante eso me pregunto, cómo se hace respetar a la autoridad si, por una parte se emiten mensajes contradictorios, si además estas personas viven con altos niveles de hacinamiento, y su sustento no está resguardado por la ley de protección al empleo, ya que viven del “día a día”, las mismas personas que desde octubre del año pasado son parte de un colectivo que siente que el pacto social que nos ha guiado desde el retorno a la democracia está al debe en una serie de ámbitos, sumado a que hoy perciben que ninguna ley, bono o programa les va a llegar porque forman parte del gran grupo de “nosotros nos tenemos que salvar solos”, con esto no digo que la fiesta en Maipú u otras flagrantes conductas no sean de una irresponsabilidad inexcusable, sino más bien que, una vez más la desigualdad de ingresos, de redes, y de entono, nos pone en una encrucijada respecto a quien está viviendo las peores consecuencias de esta pandemia, y una vez más son los más vulnerables a los que el impacto les es  más devastador.

Si bien el peligro de contraer el virus esta democráticamente repartido, el riesgo está en el nivel de vulnerabilidad con que el virus y sus externalidades nos atacan, y es en este caso, y en este país, con una economía de bajos salarios, enormes asimetrías entre trabajadores y empleadores y donde la salud es un derecho declarado, pero no así plausible, donde evidentemente este riesgo está más presente en algunos sectores, los mismos a los que quizás no les importa nada, porque ya no creen en nada.

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